
Durante años, Mar del Plata tuvo un jefe policial con una sentencia firme en su contra, una red de recaudación instalada en la esquina más transitada de la ciudad y muy pocos medios dispuestos a decirlo con nombre y apellido. Solo uno sostuvo la investigación de punta a punta: Noticias y Protagonistas. Hoy, cuando José Luis Segovia acaba de admitir que encabezó una asociación ilícita, conviene recordar quién habló y quién calló.
El exjefe de la Policía Departamental firmó el pasado miércoles un acuerdo de juicio abreviado ante el fiscal general adjunto Marcos Pagella, junto a su defensor, Martín Bernat. Aceptó siete años de prisión, la calificación de jefe de una organización integrada por policías y civiles y la inhabilitación absoluta perpetua para ejercer cargos públicos. Resta que el tribunal homologue el acuerdo para que la condena quede formalmente impuesta. Mientras tanto, Segovia sigue alojado en la Unidad Penal 44 de Batán.
Vale recordar la cronología. El 2 de julio de 2023, bajo el título «Azul y desteñido», este medio expuso la protección política y judicial que sostenía en el cargo a un comisario mayor ya condenado por hechos cometidos contra una subalterna. Semanas después, en «Sin control», dio cuenta del informe de la Superintendencia que dejaba asentado en un expediente público el desmanejo de su gestión. En los micrófonos de la FM 99.9, el comisario retirado Raúl Leguizamón denunciaba lo que nadie más se animaba a poner al aire: la amistad de la que Segovia se jactaba con el fiscal general Fabián Fernández Garello.
El 8 de mayo de 2024, Segovia fue sacado esposado del propio edificio de la Departamental, y Noticias y Protagonistas publicó la imagen de esa detención. Lo llamativo no fue la caída sino el tratamiento: buena parte de la prensa local tituló sobre el «jefe departamental» sin mencionar su nombre. Leguizamón lo resumió en estas páginas sin rodeos: «no se nombra a Segovia». Como si el apellido quemara.
Un capítulo aparte merece el diario La Capital, el matutino de mayor tradición de la ciudad. Durante 2023, mientras este medio publicaba «Azul y desteñido», en sus páginas no hubo una línea sobre el comisario mayor que conducía la seguridad de General Pueyrredon con una sentencia firme a cuestas. El día de la detención, su título habló del «jefe departamental de la policía de Mar del Plata», y el apellido quedó relegado a la bajada. Hoy, en cambio, encabeza el título. Obvio es que no se trata de una cuestión de estilo: es la distancia entre informar cuando el riesgo existe y titular cuando el riesgo ya pasó. Vale reconocer que, una vez preso Segovia, el diario siguió la causa con oficio y detalle. Lo que no hizo fue lo único que habría importado antes: nombrarlo cuando todavía mandaba.
A partir de allí, este medio sostuvo una cobertura que ningún otro igualó. «Tocadito» reconstruyó la indagatoria y el vínculo con el ex policía Christian Holtkamp. «Complicadísimo» expuso un patrimonio familiar imposible de justificar con los ingresos formales. «Dominó» mostró cómo, caído el jefe, los subalternos de otras dependencias se animaron a denunciar. La saga «Segovia a juicio» desmenuzó el pedido de elevación del fiscal Pagella y el negocio de los «arbolitos» de Luro e Independencia. La respuesta de Segovia fue atribuir todo a una campaña de desprestigio de este medio y de su director. La Justicia terminó confirmando cada línea publicada. Resta preguntar por qué tantas redacciones de esta ciudad eligieron mirar hacia otro lado mientras un jefe policial condenado seguía al frente de la seguridad de General Pueyrredón. ¿Temor, comodidad, cercanía con el poder? Cada uno sabrá qué responder.
El periodismo no se mide por lo que publica cuando todos hablan, sino por lo que sostiene cuando todos callan. El silencio también tiene autores.