Trump: «la guerra ha terminado»

Pareciera que nada es lo como se muestra. Luego de una devastadora declaración de parte del presidente americano sobre el estado de las cosas en Irán —señalando que no hay con quién hablar al respecto de las propuestas para un acuerdo de paz—, es claro que la situación en el estrecho de Ormuz sigue siendo extremadamente grave y que no puede prolongarse más.

El estrecho permanece virtualmente cerrado para la mayor parte del tráfico comercial desde finales de febrero. Irán mantiene un bloqueo selectivo, permitiendo el paso únicamente a buques de países que considera «no hostiles» (como China e India) tras acuerdos diplomáticos previos. Por su parte, desde el 13 de abril el gobierno de Donald Trump mantiene un contrabloqueo dirigido a cualquier embarcación que intente ingresar o salir de los puertos iraníes, con el objetivo de asfixiar la economía de Teherán. En las últimas 24 horas, apenas siete buques lograron cruzar el estrecho. Las principales navieras (Maersk, MSC, Hapag-Lloyd) mantienen suspendidas sus rutas por la zona debido al riesgo que supone la presencia de minas, ataques con drones y el desorbitado costo de los seguros de guerra. Esto ha llevado a otra suba del petróleo en el mundo ubicando el barril en U$110.

Esta situación expuso por donde fluía —a un costo muy bajo— el petróleo iraní: Asia era el destino del 80% del petróleo y casi el 90% del Gas Natural Licuado (GNL) que salía de Ormuz, con India y Tailandia ubicándose hoy como los países con mayor vulnerabilidad ya que su dependencia de las importaciones del Golfo es total y ya están sufriendo racionamiento energético, apagones y una inflación galopante en el transporte. El otro gran perjudicado es China, aunque en menor medida por la presencia de reservas estratégicas y gasoductos terrestres desde Rusia. Sin embargo, el costo logístico de traer crudo por rutas alternativas se ha duplicado, afectando directamente su capacidad industrial. Por su parte, Japón y Corea del Sur están enfrentando los precios de gas (índice JKM) más altos desde 2022, lo que ha disparado las facturas eléctricas residenciales.

Datos que hablan por sí solos de la necesidad global de concluir este tema urgentemente. Los ataques ucranianos a la infraestructura petrolera rusa han introducido un factor de inestabilidad crítica que se suma al caos en el estrecho de Ormuz, creando lo que los analistas llaman una «tormenta perfecta» en el mercado energético global cuyo impacto genera un «efecto pinza» sobre el suministro global: mientras el bloqueo en Ormuz retiene cerca de 20 millones de barriles diarios de crudo del Golfo, los drones ucranianos han logrado reducir la capacidad de refino de Rusia a su nivel más bajo en 16 años (4,69 millones de barriles diarios). Solo en abril, ataques masivos a terminales como Tuapse (golpeada cuatro veces en dos semanas) y Riazán han sacado de circulación aproximadamente 1 millón de barriles diarios de exportación rusa. El cuadro general es grave y lleva a que el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial hayan calificado la situación actual como el «choque de suministro de petróleo más grande de la historia», superando incluso las crisis de la década de 1970.

En sus informes de abril de 2026, el FMI ha revisado drásticamente a la baja las perspectivas de crecimiento global, advirtiendo que el mundo se encuentra al borde de una recesión técnica si el bloqueo no se resuelve en las próximas semanas.