
En 2022, el día previo a la final que nos otorgó la tercera estrella, publicamos en este espacio una nota titulada «Lionel Scaloni, un líder pacífico». Podríamos simplemente repetirla, pero no sería justo.
Scaloni es un líder que no deja de crecer y que forma junto al otro Lionel (Messi) un algo único e irrepetible.
Juntos resisten años marcados por un esquema sistemático de ataque y acoso para quebrar a la selección perorando sobre acuerdos, acomodos o beneficios espurios, continuando un relato que nació en España a partir de la rivalidad entre Barcelona, Cataluña y Madrid y que ha sido ampliado por la furia francesa luego de la derrota en Qatar.
Con espíritu de sometimiento intelectual y complejo de inferioridad colombiano, mexicano o uruguayo entre otros, se desgranan mintiendo a sus audiencias hasta llegar querer hacer creer que Argentina puede comprar un título mundial, tal como señalan diversos hablantes globales víctimas de disociación cognitiva.
Al final del partido contra Inglaterra, en un hecho que ya es leyenda, se vio una sábana escrita con aerosol con la frase «Las Malvinas son argentinas», lo que llevó el debate sobre el conflicto por la soberanía al paroxismo total. Dos thermosapiens, uno español y otro mexicano, proclamaban que Argentina ya había pedido el mundial por violar la regla de no promover expresiones políticas.
El que selló el tema, fue Andrew Giuliani, líder de la organización estadounidense de la copa quien, ante la pregunta de un periodista inglés planteando si Argentina debía ser eliminada por hacer una manifestación política, respondió que en Estados Unidos rige el free speech y que deberán esperar otros cuatro años para campeonar, o quizás más.
Contra todo, por parte de ambos Lionel, solo reflexión, respeto, y actitud. Tal como señaló el entrenador Luis de la Fuente en conferencia de prensa: «Admiro y respeto muchísimo a Lionel, como persona y como seleccionador. Estoy muy feliz de encontrarnos en un terreno de juego, en una final del mundo. Coincidimos en muchos conceptos: en valores y en ciertos principios que son los que mueven a esta clase de conjuntos. Eso también demuestra que los grandes equipos no pueden prescindir de esas aptitudes. En esa paridad, habrá que intentar ganar por los detalles. Scaloni está haciendo historia en el fútbol argentino.»