Zapateros

La presentación del nuevo Código Penal de la Nación trajo a nuestra vida cotidiana otro toque de diana sobre el inmenso espacio que separa al ciudadano de a pie de una élite -definida así por sus propios integrantes- que supone conocer y entender el derecho, la ley por encima de la comprensión de los comunes.

Imbuida de un espíritu napoleónico, la presidenta Cristina Fernández aupó una comisión presidida por Eugenio Zaffaroni e integrada por Carlos León Arslanián -responsable junto a Alberto Binder de la espantosa reforma procesal bonaerense-, Ricardo Gil Lavedra, Federico Pinedo y María Elena Barbagelatta, quien integra el FAP desde el socialismo. La comisión ha llevado su trabajo a puertas cerradas con un claro sesgo de ocultamiento en relación al camino elegido.
No hay que ser un genio para advertir claramente qué podría parir un grupo de tareas dirigido por Zaffaroni en la materia. El proyecto entregado a la Presidenta, que debería ingresar al Congreso en sesiones ordinarias, trascendió a los medios e inició un debate que pretendía mantenerse entre paredes.
Fue Sergio Massa el que vio el agujero en la pared y picó sobre el muro hasta lograr que se debilitara, al punto de ser hoy el proyecto ya una propuesta políticamente muerta. La exposición de Massa trajo a la superficie el verdadero pensamiento de Zaffaroni y Gil Lavedra, que el primero ha expresado meridianamente: “El ciudadano zapatero que lo escuche tiene todo el derecho a creer que somos cinco dementes irresponsables. Massa tiene el derecho a criticar pero no a difamar y a afectar nuestra dignidad profesional”. ¿Ciudadano zapatero? Zapateros son para Zaffaroni todos aquellos que no están supuestamente esclarecidos para entender la magia luminosa de un pensamiento que, haciendo una aplicación trasnochada del marxismo, establece que la víctima es el auténtico responsable de la existencia del crimen.
Ricardo Gil Lavedra no le fue en zaga: “Y aún los progresistas se callan la boca para no perder votos (…) Es patético ver a todos los dirigentes corridos a la derecha”. Derecha, izquierda; futilidades del discurso. Gil Lavedra descarna su posición en el tema de la reincidencia al sostener que “hoy prevalece en la doctrina la idea de que en un derecho penal de acto (que castiga a la persona por lo que hizo, no por lo que es) la reincidencia no puede tener cabida. Y está en juego el non bis in ídem [la garantía de que nadie puede ser castigado dos veces por un mismo hecho]. Muchos tribunales superiores de provincia la declararon ya inconstitucional”. Es cierto que esto es así, lo cual no significa que esté bien que así sea, e implica que hay que legislar para que los tribunales inferiores no hagan de la ley una burla.
El ciudadano de a pie puede ser o no zapatero. Pero no es un “zapatero” un  zapato que nada entiende. Desde los orígenes se sostiene que la ley es sentido común. Hay un axioma en Derecho que dice que la ley es sentido común, y que cuando el sentido común no comprende lo que dice la ley, es porque la ley no está bien.
Sergio Massa tomó el primer lugar. Su actitud, oportunista o no, reveló que su oído está en la sociedad. Ha obtenido una ventaja política fuerte en el breve tiempo que separa a los argentinos de la hora de elegir nuevamente para Presidente de la República. Y esto es un hecho incontrastable, que próximamente recogerán las encuestas.