Elusiones

Gustavo Arnaldo Pulti elude sus responsabilidades. Subido a la técnica de la invención del relato busca, mediante la cadena de medios de “corte y pegue”, evitar que caiga sobre sus espaldas la tremenda responsabilidad que implica el actual estado de indefensión que soporta la comunidad marplatense.
Su anuncio de que irá por una consulta pública para que digamos si queremos o no una policía municipal es un nuevo escalón en la materia “no hago nada, pero evitemos que se note”.
Hace años que elijo no auto torturarme por lo que publica o no publica el diario La Capital. Sé cómo es la dinámica. Sin embargo, no puedo evitar las repercusiones y escozores que sus publicaciones generan en vecinos de la ciudad. Por caso, los que me refiere Ricardo Molina: “La Capital sigue empeñada en la operación de prensa para instalar que el intendente sabe qué hacer con la inseguridad, y que lo está haciendo. Grosera cortina de humo, lanzada solamente para ganar tiempo. La gente quiere una respuesta, pero –como siempre- no hay nada concreto para darle. En efecto: Pulti es plenamente consciente de que la paciencia de la gente está llegando a su límite. Los meses pasados hubo puebladas en diferentes lugares de la Provincia, y la última, en Junín, fue particularmente violenta. Si bien es cierto que el gobierno local sigue la línea oficialista –y por ello puede considerarse a salvo de infiltraciones y sabotajes-, la verdad es que la calle puede explotar en cualquier momento”. Y agrega el vecino: “Por eso en estos días es necesario mostrarle a la gente que el intendente se está ocupando, aunque en realidad esté desesperado y no sepa muy bien para dónde apuntar. La Capital cumple con este cometido de modo brillante. Hasta ha quitado de su versión digital la sección Policiales, quizás para que los trapos sucios de la “ciudad feliz” no puedan verse tanto desde afuera. Tampoco cuenta todo lo que pasa: no es cuestión de mostrar que la ciudad se está incendiando, o que transita algo parecido a una guerra civil de baja intensidad. Es mucho mejor titular: “las reservas de los hoteles están completas”. Y, por supuesto, publicar muchos avisos de prostitución” (El texto completo de esta carta, mucho más extenso, puede leerse en la sección Correo de Lectores de la presente edición).
Pero Molina no es una mosca en la leche, no es el único que necesita expresar lo que ve como una contradicción permanente. A diario llegan a nuestra redacción comunicaciones, llamados, en un contexto recurrente: la inacción por donde quiera se mire. Dice un lector y oyente de la 99.9: “Tenemos una superpoblación de empleados municipales (muchos de dudosa preparación y vocación). Alrededor del 85% del presupuesto se destina a sueldos – nada malos- , luego quedaría un 15% para tareas concretas. Entre ambos porcentajes hay una falta de relación, ya que debería ser exactamente a la inversa. Por ello quedan infinitud de cuadras sin reparaciones mínimas, una permanente falta de limpieza; parece que se barren en forma aleatoria o cuando se reclama varias veces; lo mismo pasa con el alumbrado público, con la inexistente inspección de veredas y otras actividades que son -o debieran ser- propias del Municipio”.
En un escenario donde la existencia de la computadora y las tareas tercerizadas indican con claridad que el personal municipal ocupado debiera ser mucho menor al existente -existen más empleados cada 1.000 habitantes que los que tenía Moscú en la era stalinista-, puedo decir con orgullo que el cerco informativo, esta vez cuando menos, tiene un agujero importante por donde cuela la realidad. Ya no se trata de una voz o de algunas voces aisladas y en soledad que intentamos que el dedo no tape el sol; se trata de que las mentiras están a la vista y huelen mal. Y ya no hay ni habrá modo de callar a los que ven, escuchan y huelen.