
En Mar del Plata, todos van por la gloria que sólo le será concedida a unos pocos agraciados cuando, el próximo 7 de septiembre se abran las urnas
Lejos de los dioses del Olimpo, de los cuales —y de su gracia— dependía la suerte de los hombres, una miríada de ambiciones marcha, con sin fin de colores y posturas por la ciudad, en la búsqueda del Santo Grial de la aprobación popular. Cuando, dentro de una semana, se cuenten los votos, la voz del pueblo equivaldrá a la voz de Dios.
Por debajo, al calor de la batalla política, están los de siempre. La colectora peronista de los ex accionistas marplatenses nada nuevo ofrece cuando repite mantras mentirosos al tintinear de los cospeles. Los recién llegados a la integración familiar en política —que siguen una historia peronista en Mar del Plata de matrimonios que resuelven su suerte con cargos públicos— también siguen ofreciendo la nada misma, ellos mate en mano y termo bajo el sobaco izquierdo.
En la búsqueda de lucir diferentes, la sólida estructura radical de la ciudad de encolumna detrás de la periodista y sufriente mujer que es la colega Gabriela Azcoitía, quien ha recorrido barrios, parajes y sociedades civiles escuchando y jurando que, lo expresado por los de a pie, será propuesta. Son los que históricamente llevan el peso de los reclamos ante la falta de respuestas. El desafío no es poca cosa.
Si lo de Azcoitía fue sorpresa, la decisión del empresario Marcelo González de lanzarse a la dura y cruel lid de la política, también tiene lo suyo: es una apuesta largamente meditada y para la cual no le faltan recursos. Ha reunido un variopinto grupo de desplazados y repudiados de otros campamentos políticos que, de por sí, constituyen su primer desafío: el de dirigirlos y lograr que no le desmadren el criterio que él impulsa, que es el de recorrer la ciudad y saber, de primera mano, qué es lo que le pasa al vecino del común.
En lo que se refiere al intendente ya saliente de la ciudad, se lo ve en CABA sumando aportes a la justificación de lo injustificable, tal como se ha visto en su intervención en un programa de TN donde fue entrevistado —digamos, o sea— por Diego Sehikman sobre el tema Spagnuolo. Mientras tanto, la campaña local de LLA no existe: sólo algún que otro tip en redes, y poco más.
Las campañas locales van por aquello que cualquier lector de este medio, o escucha de la 99.9 ya sabe. Está todo expuesto y visto. Eso sí, el cospelero (sic) y la pasionaria de la portadora de tobillera electrónica, no aportan nada de cómo cambiar para mejor en la ciudad: que el Cementerio Parque, que las ambulancias del SAME, que las calles y sus baches, etc, etc. Ahora, de cómo cambiar el uso del presupuesto, reducir la carga pública de institutos inútiles que consumen recursos inútilmente, hacer funcionar la planta municipal o impulsar un cambio de régimen administrativo, nada de nada.
El 7 de septiembre, las urnas dirán su verdad: la de una sociedad descreída, harta, pero ansiosa de que alguien —o algunos— marquen la diferencia para ser la sociedad que entendemos merecer ser.