El fundador de ArCham y director de Akrom explicó desde Australia cómo el desarrollo sostenido de la minería y el gas transformó a Western Australia en una de las economías más prósperas del mundo. Además, advirtió que Argentina debe evitar poner trabas a las inversiones y apostar al desarrollo de proveedores locales con proyección global.

Western Australia se convirtió en uno de los ejemplos más contundentes del impacto que pueden tener la minería y la energía sobre una economía regional. Así lo explicó en la 99.9 Diego Berazategui, fundador de ArCham (Cámara de Comercio Argentina en Australia) y director de la consultora Akrom, quien desde hace 16 años reside en Perth y conoce de primera mano el funcionamiento del principal polo minero australiano.
“Western Australia es un estado de tres millones de habitantes que exporta 250 mil millones de dólares al año en minerales. Gran parte de eso es hierro y una parte muy importante corresponde al gas natural licuado”, señaló, destacando además que allí se concretaron inversiones gigantescas en infraestructura energética. “Inpex invirtió 40 mil millones de dólares en una planta, Chevron invirtió 90 mil millones en dos plantas, Shell otros 20 mil millones en una planta flotante”, ejemplificó.
Para Berazategui, esas inversiones no sólo generaron exportaciones sino una enorme demanda de empleo. “Entre 2005 y 2015 fue una locura la cantidad de demanda de trabajadores que había y los salarios que tenían que pagar para atraer empleados”, recordó.
Además, explicó que la mayor parte del dinero quedó dentro del país durante la etapa de construcción. “Esos proyectos dejaron aproximadamente el 70% de la inversión en Australia en empleados y contratistas locales. No porque el gobierno lo obligara, sino porque las empresas tuvieron que construir las plantas y naturalmente contrataron trabajadores y proveedores australianos”.
El especialista remarcó que Western Australia cuenta con cerca de mil minas en operación y que desde hace décadas ocupa los primeros lugares en los índices internacionales de atractivo para las inversiones mineras. “Es un estado que siempre estuvo primero o segundo en el Fraser Institute y la gente vive muy de cerca el valor que agrega la minería al empleo y a las empresas locales. El PBI per cápita ronda los 100 mil dólares por persona al año, comparable con Noruega”, indicó.
Por eso consideró que el caso australiano constituye un espejo especialmente útil para provincias argentinas como San Juan o Mendoza. “Lo que yo diga acá quizás no aplique para el conurbano bonaerense, pero sí para las provincias mineras”, aclaró.
En ese sentido, advirtió que Argentina debe ser cuidadosa al diseñar las reglas para atraer inversiones. “No pueden ponerle muchas trabas a las inversiones de capital en gas o minería porque el capital va a otro lado. Si ustedes dicen que tienen que contratar solamente proveedores locales o imponer demasiadas condiciones, la inversión se va a ir a otro país”.
Sin embargo, sostuvo que existe una estrategia mucho más inteligente para potenciar el desarrollo industrial argentino. “Yo creo que la oportunidad mayor es aprovechar estas empresas globales para desarrollar proveedores argentinos globales. En lugar de obligarlas a comprar local, sería mejor decirles: ‘Nosotros hacemos esto, ¿nos pueden ayudar a venderlo en Australia y en el resto del mundo?’”.
Según explicó, allí aparece una enorme oportunidad para empresas metalmecánicas, especialmente de Córdoba y otras provincias industriales. “Minería y energía van a fabricar muchísimo y después habrá que mantener todos esos activos durante décadas. Solamente el mantenimiento de esas plantas genera una enorme cantidad de trabajo”.
No obstante, pidió administrar las expectativas respecto a los tiempos. “No van a llegar 100 mil millones de dólares en un año. Los proyectos empiezan a construirse, generan muchísimo empleo durante la construcción y luego continúan generando trabajo durante la operación. Son procesos de muy largo plazo”.
Durante la entrevista también describió el funcionamiento institucional australiano, especialmente en el nivel municipal, donde destacó un modelo muy diferente al argentino. Explicó que los concejales no pertenecen formalmente a partidos políticos y mantienen sus actividades privadas. “Son el médico, el ingeniero, el contador o el productor del barrio. Si hacen algo mal pagan un costo social porque siguen viviendo ahí”, explicó.
Además, indicó que la administración cotidiana de cada municipio está a cargo de un gerente profesional. “No hay intendente como lo conocemos nosotros. El ejecutivo lo lleva adelante un CEO de carrera, que suele venir de otro municipio o del sector privado y que es evaluado por resultados. Si el consejo considera que hizo un mal trabajo, simplemente lo despiden”.
Para Berazategui, ese esquema permite separar la gestión técnica de la política. “Se maneja muy parecido a un consorcio o una sociedad anónima. Es un sistema completamente distinto al argentino, donde muchas veces los concejales terminan trabajando para los partidos políticos y no para los vecinos”.