La dirigente política de Quilmes, Jorgelina Kos Grabar, analizó en la 99.9 el crimen de Agostina y advirtió sobre la hipersexualización de menores, la ausencia de controles institucionales y las redes de poder que, a su entender, sostienen la impunidad de ciertos delincuentes. “No podemos mirar para otro lado en una sociedad donde hay chicos completamente expuestos”, señaló.

La dirigente política de Quilmes, Jorgelina Kos Grabar, se sumó al debate generado tras el crimen de Agostina y planteó una mirada que combina aspectos psicológicos, sociales e institucionales. En diálogo con la 99.9, sostuvo que detrás de estos casos existe una trama de vulneración de derechos que muchas veces es ignorada y que, además, suele estar vinculada con estructuras de poder que garantizan impunidad.
“Quiero sumarme a tu reflexión y añadir la cuota de que todos estos casos de femicidios donde está relacionado el poder atrás”, indicó, recordando otros hechos resonantes como el de Paulina Lebbos. Para Kos Grabar, existe un patrón común: “La impunidad de estos tipos está amparada por un poder político atrás. Eso es lo que no tenemos que dejar de señalar, porque pueden actuar de esta forma también porque están amparados”.
La ex concejal remarcó que le sorprendió particularmente la reacción que encontró en redes sociales cuando decidió señalar aspectos vinculados al contexto de la víctima. “Me asombraba el enojo por señalar lo tóxico, lo perjudicial y lo grave de la hipersexualización de niñas, el acceso a adicciones a drogas y la falta de escolaridad”, explicó. Según dijo, muchas personas interpretan erróneamente que abordar esos factores implica justificar al agresor. “Lejos de eso. Pero si no podemos ver que eso facilita, que las expone y que incluso cuando tienen la suerte de no terminar como Agostina igualmente están atravesando una situación de vulneración de derechos, entonces estamos al horno”.
En ese sentido, coincidió con los planteos realizados por la abogada Fátima Silva sobre el contexto en el que vivía la adolescente. “Por lo que estamos sabiendo de la vida de esta chiquita, venía de una seguidilla de situaciones muy alejadas de lo que tendría que vivir una niña que ya está en la pubertad de 14 años”, afirmó.
Kos Grabar subrayó que a esa edad los adolescentes aún no cuentan con la madurez necesaria para comprender plenamente las consecuencias de determinadas decisiones. “Los chicos de 14 años no están preparados para tener una vida sexual activa. No están preparados físicamente y hay toda una biblioteca que lo avala”, explicó. También señaló que el desarrollo cerebral continúa hasta aproximadamente los 25 años y que “la zona prefrontal, donde podemos medir consecuencias y hacer juicios, es la que más tarda en desarrollarse”.
Por eso consideró especialmente grave la exposición de menores a ámbitos adultos. “Imaginate una chiquita de 14 años que no puede medir las consecuencias de las decisiones que toma, expuesta a relaciones sexuales con adultos, a manipulaciones y a posibles lesiones”, sostuvo. A ello sumó la salida del sistema educativo: “Una chica de 14 años que es quitada del sistema escolar, que es donde puede relacionarse con pares, aprender y dirigir sus objetivos hacia metas que la lleven a progresar en la vida, es arrojada a un mundo adulto de promiscuidad y marginalidad”.
La dirigente fue particularmente crítica con el rol de las instituciones. “Esta chica hacía más de 15 días que no iba a la escuela. Nadie se dio cuenta que no iba a la escuela”, cuestionó. Para ella, el sistema educativo es “el primer dispositivo que puede detectar este tipo de situaciones” y activar mecanismos de protección. “No tienen que hacer toda la investigación, pero sí detectar y poner en marcha los protocolos correspondientes”, señaló.
Al analizar la actuación del entorno y del Estado, insistió en que la responsabilidad principal recae sobre el acusado, pero advirtió que existen muchas señales previas que fueron ignoradas. “Este monstruo es el mayor culpable y responsable, y tendría que haber estado preso ya con la situación denunciada anteriormente”, remarcó.
También hizo referencia al testimonio de una joven que había denunciado previamente al acusado y a los detalles que surgieron de esa declaración. “Hay un detalle que me llamó mucho la atención. Ella relata que la ata y le dice que espere porque van a venir a verla. La está preparando para alguien más. Ahí hay una trama atrás de eso, que no es este tipo solo”, afirmó.
Para Kos Grabar, el caso deja en evidencia la existencia de estructuras de protección e impunidad. “Alguien no tomó una denuncia contra este tipo, alguien lo defendió. Ahora todos se lavan las manos, nadie vio nada, pero este tipo actuó con total impunidad”, sostuvo.
Finalmente, utilizó una imagen contundente para describir la situación de vulnerabilidad que atraviesan muchos menores. “Parece el circo romano, donde tenés que tener a los leones, pero también tenés que tener a la víctima para arrojarla. Es un espectáculo que se mira y se alienta. Después vamos a las marchas, pero también tenemos que hablar de esto y pensar cómo cuidamos a los chicos antes de llegar a estas situaciones”.
Y concluyó con una advertencia que resume su preocupación: “No podemos mirar para otro lado en una sociedad donde hay chicos completamente expuestos y, en algunos casos, directamente arrojados a los leones”.