El especialista en seguridad y contraterrorismo Daniel Adler analizó en la 99.9 el caso de Agostina y advirtió que detrás del crimen podría existir una trama mucho más compleja vinculada al narcotráfico, la trata de personas y la descomposición del tejido social. También cuestionó el funcionamiento de la Justicia y alertó sobre una creciente pérdida de confianza de la ciudadanía en las instituciones.

El especialista en seguridad y contraterrorismo Daniel Adler aseguró que el caso de Agostina expone apenas “la punta del iceberg” de una problemática mucho más profunda en la Argentina, vinculada al narcotráfico, la trata de personas y la creciente fragilidad social. En diálogo con la 99.9, sostuvo que “todo básicamente nace por permitirle a la criminalidad que haga de las suyas” y remarcó que “en la vida real, perdonar al criminal es condenar a la víctima”.
Al analizar el contexto general, reveló una estadística alarmante: “Cada día en Argentina desaparecen cuatro chicos, de los cuales uno nunca vuelve”. Para Adler, la realidad es “bastante más oscura de lo que se muestra solo con el terrible caso Agostina”, ya que lo ocurrido sería apenas “el principio” de una problemática estructural.
Respecto del principal acusado, lo definió como “un tipo que se encarga de narcomenudeo en la zona barra brava”, vinculado a asociaciones ilícitas y a la ocupación de inmuebles utilizados como “aguantaderos o búnkers”. Además, indicó que existen denuncias anónimas sobre otros hechos similares y recordó el caso de una menor que “salió precintada, semidesnuda, gritando a la calle que la querían matar y violar”.
Según Adler, uno de los problemas centrales es el miedo de las víctimas y de la sociedad. “Hay una parte de la sociedad que está muy atemorizada o que ya bajó los brazos y no denuncia porque siente que no vale la pena”, afirmó. De hecho, señaló que “al menos el 80% de las víctimas opta por no denunciar”, fenómeno que en seguridad se conoce como “cifras negras”.
El especialista también cuestionó duramente el funcionamiento de la Justicia y recordó antecedentes polémicos del fiscal cordobés Raúl Garzón. A su entender, existe “un divorcio entre la Justicia, la Policía y la ciudadanía”, situación que genera “falta de denuncia, falta de confianza y, en algunos casos, negligencia o culpabilidad por omisión o acción directa”.
“Cuando la ciudadanía deja de confiar en la Policía y en la Justicia, deja de sentir que son la última y única barrera que la separa de la criminalidad. Ahí es donde la batalla se pierde definitivamente y gana la impunidad”, advirtió.
Convencido de que el caso debe investigarse en profundidad, Adler reveló que se presentó como amicus curiae y propuso aplicar herramientas como el polígrafo, análisis grafológicos y técnicas de contrainterrogatorio. “No necesitaba más que 45 minutos para extraer la verdad y las conexiones. Saber quién le liberó la zona, quién lo protege, para quién trabaja y si esto fue solamente un asesinato o un caso de tráfico humano, como todo hace pensar”, señaló.
Uno de los aspectos que más llamó su atención fue el relato de una joven que logró escapar del acusado. “Cuando ella cuenta que la ató, la dejó semidesnuda y le dijo que la tenían que ver, eso hace pensar en un mercado de esclavos”, afirmó.
Además, observó movimientos sospechosos en redes sociales vinculados a la víctima. “Las redes sociales muchas veces funcionan como catálogos para predadores sexuales u otras personas que buscan identificar posibles víctimas”, explicó, aunque aclaró que prefiere esperar el resultado de la investigación judicial antes de sacar conclusiones definitivas.
Para Adler, en este tipo de delitos hay que contemplar incluso los escenarios más extremos. “El 90% de estas cuestiones de secuestro y captación involucran personas muy cercanas a las víctimas. En muchos casos hay operaciones mercantiles donde se entrega a menores. A veces incluso la propia madre es quien entrega a sus hijos a cambio de beneficios vinculados al narcotráfico”, indicó, aclarando que no estaba afirmando que ese fuera el caso específico de Agostina.
Más allá de la cuestión criminal, el experto puso el foco en una crisis social de fondo. “Tenemos una gran parte del tejido social absolutamente destrozado en Argentina”, sostuvo. En ese sentido, remarcó que “no existe un buen plan de seguridad si no hay un plan de inclusión con progreso detrás”.
Según explicó, existen miles de jóvenes que crecieron sin referencias claras sobre qué está bien y qué está mal. “Hay familias donde las reglas son ‘no te embaraces’ y ‘que no te atrapen’. Los mensajes son muy confusos”, señaló.
Adler también criticó a dirigentes políticos que, según dijo, contribuyen a normalizar conductas delictivas. “Cuando líderes sociales o gobernadores dicen que si no tuvieran plata saldrían a vender droga, están dando un mensaje criminal, directo y abierto”, expresó.
Esa situación, agregó, provoca que muchos adolescentes terminen naturalizando la violencia y el narcotráfico como formas legítimas de vida. “Se romantiza la cultura del delito y eso genera una nube de impunidad en la sociedad”, afirmó.
Finalmente, alertó sobre el riesgo de ingresar en una nueva etapa de criminalidad si no se toman decisiones de fondo. “Hay una crisis educativa muy fuerte, una crisis de valores muy fuerte y un tejido social absolutamente desgastado. Creo que es cuestión de tiempo para que entremos en una nueva era criminal. Se puede frenar, por supuesto, pero hace falta decisión política, cambios en educación y generar una cultura de progreso que motive a la sociedad”, concluyó.