Huawei, Estados Unidos y una nueva tensión para Argentina: “Es una línea roja que establece Washington”

El analista internacional Patricio Giusto cuestionó la intervención del embajador estadounidense en el debate sobre la utilización de tecnología de Huawei por parte de una cooperativa de Neuquén y advirtió que, hasta el momento, no se presentaron pruebas que sustenten las acusaciones de espionaje. También analizó el vínculo de Argentina con China, la disputa entre Rusia y Japón por las islas Kuriles y el escenario geopolítico del Indo-Pacífico.

La controversia generada por la advertencia del embajador de Estados Unidos en Argentina, Peter Lamelas, sobre la utilización de tecnología de Huawei por parte de una cooperativa de Neuquén volvió a poner en primer plano las tensiones entre Washington y Beijing y el lugar que ocupa Argentina frente a esa disputa. Para el analista internacional Patricio Giusto, se trata de “una nueva línea roja que establece Estados Unidos” y de una cuestión que excede ampliamente la discusión sobre una empresa o una contratación puntual.

En diálogo con la 99.9, Giusto explicó que la preocupación estadounidense por las telecomunicaciones, las redes de fibra óptica y la infraestructura tecnológica vinculada a Huawei “no es un tema nuevo”. Sin embargo, cuestionó la forma en que se planteó la advertencia en Argentina. “¿Corresponde que un embajador de un país extranjero, sea Estados Unidos o cual sea, le venga a dictar a una cooperativa de una provincia, en este caso Neuquén, lo que tiene que hacer? La verdad que me parece que no”, sostuvo.

Para el analista, el principal problema es la ausencia de elementos concretos que respalden las acusaciones. “Esto me parece una injerencia, lo haga el embajador de Estados Unidos o del país de quien sea, y además cuando no presenta pruebas”, afirmó. En ese sentido, recordó que Huawei opera desde hace 25 años en Argentina, está presente en unos 120 países, cuenta con más de 200.000 empleados y es una empresa privada que, según señaló, es auditada internacionalmente en los mercados donde desarrolla sus actividades.

Giusto destacó además que la compañía china es actualmente proveedora de las tres principales empresas de telefonía móvil de Argentina. Por eso consideró que se trata de “una acusación fuerte”, que además se produce en el marco de una disputa estratégica cada vez más intensa entre Estados Unidos y China. “La verdad que flojo de papeles el argumento de Lamelas”, sostuvo, al considerar que una entrevista concedida por el embajador a Clarín “no terminó de aclarar nada, al contrario, terminó siendo un acto de mera bravuconería”.

El analista consideró que la posición estadounidense adquiere especial relevancia porque Huawei es una de las empresas líderes a nivel mundial en telecomunicaciones y tecnología 5G. “La primera potencia militar mundial tiene que terminar apretando a una cooperativa de Neuquén para decirle que no use esta tecnología. ¿No tiene nada mejor que ofrecer?”, planteó.

En ese sentido, señaló que existen alternativas tecnológicas como Nokia y Ericsson, pero remarcó que incluso esas compañías no necesariamente pueden competir con Huawei en materia de precios y prestaciones. “Calf dice: nosotros somos libres de elegir el proveedor que mejor tecnología y mejores precios nos ofrezca, mientras sea en el marco de la ley. Si Huawei respeta toda la normativa argentina, ¿por qué tiene que venir un embajador extranjero a decir ‘no usen esto’?”, cuestionó.

Giusto aclaró, de todos modos, que el debate sobre la seguridad de la infraestructura tecnológica es legítimo y que Argentina debería discutirlo seriamente. “El día que se presenten pruebas de eso, bueno, vamos a tener que alertarnos”, afirmó en referencia a las acusaciones de que Huawei podría utilizar su tecnología para espiar o transferir información al Partido Comunista chino.

Según explicó, varios países han restringido o directamente excluido a Huawei de determinadas áreas consideradas infraestructura crítica, aunque a su entender en algunos casos las decisiones también estuvieron relacionadas con el alineamiento geopolítico con Washington. “Argentina no dio ese debate. Podríamos dar seriamente ese debate”, sostuvo.

En este contexto, Giusto observó con particular atención el silencio del Gobierno nacional. “Por ahora, el gobierno nacional, fíjate que está en silencio, un silencio muy llamativo”, afirmó. Para el analista, la posición argentina resulta especialmente incómoda porque, mientras la administración mantiene una retórica de fuerte alineamiento con Estados Unidos, los vínculos comerciales y de inversión con China continúan creciendo.

“Hasta hay sectores donde las inversiones chinas están creciendo, por ejemplo en minería”, señaló. También recordó que existen áreas donde se excluyó la participación de empresas estatales chinas, como ocurrió en la licitación de la hidrovía y en determinadas obras eléctricas, pero consideró que esas decisiones no modifican el cuadro general. “No dejan de ser cuestiones menores teniendo en cuenta cómo avanza, por ejemplo, el comercio bilateral con China, que está creciendo, está en niveles récord”, afirmó.

Para Giusto, el problema central es determinar si Argentina adopta una posición respecto de Huawei basada en evidencia o simplemente por alineamiento internacional. “¿Con qué argumentos vos te alineás con Lamelas, con este discurso de matonería, de bravuconería, si no es por el mero alineamiento de Estados Unidos?”, preguntó. “La verdad que difícil, salvo que aparezca un informe técnico, serio, independiente, que diga que efectivamente Huawei está espiando y le está brindando información al Partido Comunista chino. Ahí cambiaría la situación”.

El analista también cuestionó el estilo diplomático del embajador estadounidense y lo vinculó con la actual política exterior de la administración de Donald Trump. “Lamelas es un fiel exponente de lo que es el trumpismo”, afirmó, al considerar que su postura responde a una concepción según la cual Washington busca determinar qué países pueden operar en determinados ámbitos de su esfera de influencia.

En ese sentido, Giusto mencionó la denominada doctrina Monroe y sostuvo que Estados Unidos considera al hemisferio como parte de su paraguas de seguridad nacional. “Justifica que nosotros digamos al resto de los países qué tienen que hacer, con quién tienen que negociar. Decimos si China entra, si China no entra. Mejor dicho, no entra, porque es nuestro hemisferio”, explicó.

El analista también se refirió a otro foco de tensión internacional: la visita de Vladimir Putin a las islas Kuriles, territorio que Rusia administra pero que es reclamado por Japón desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Para Giusto, la presencia del presidente ruso en esas islas fue “un hecho muy importante”, ya que se trató de la primera vez que Putin las visita personalmente.

Según su interpretación, Putin aprovechó “una ventana de oportunidad” mientras Donald Trump concentra buena parte de su atención en otros conflictos internacionales. “Es marcarle la cancha a esta primera ministra Takahichi”, sostuvo, en referencia a la jefa del Gobierno japonés, cuya política de defensa considera más agresiva.

Giusto interpretó el gesto ruso como una señal hacia Japón y Occidente. “Lo que está diciendo es: cuidado, que lo que pasa en Ucrania también puede estar conectado acá”, explicó. A su entender, Moscú busca advertir que cualquier represalia o sanción contra Rusia puede tener consecuencias en otros escenarios donde mantiene disputas territoriales.

Respecto de la posición china, explicó que Beijing no emitió hasta el momento un respaldo explícito a la acción de Putin, aunque históricamente sostiene una postura favorable a mantener el statu quo territorial surgido después de 1945. “China, por supuesto, apoya el reclamo de soberanía, la reivindicación de soberanía de Rusia sobre las Kuriles”, afirmó.

Para Giusto, el escenario internacional continúa así atravesado por conflictos que exceden los frentes militares tradicionales y que se desarrollan simultáneamente en materia comercial, tecnológica, territorial y estratégica. En ese tablero, la disputa entre Estados Unidos y China vuelve a colocar a Argentina frente a decisiones que, más allá de una contratación puntual en Neuquén, pueden terminar definiendo el margen de autonomía de su política exterior.