La concejal de General Pueyrredon defendió el proyecto que busca regular el uso de teléfonos celulares en las escuelas secundarias municipales y cuestionó duramente el informe de la Secretaría de Educación. Aseguró que la evidencia científica demuestra los efectos negativos de la hiperconectividad sobre el aprendizaje, la atención y la comprensión lectora.

La concejal Mariana Cuesta cuestionó la postura de la Secretaría de Educación municipal respecto del proyecto que impulsa para regular el uso de teléfonos celulares en las escuelas secundarias de General Pueyrredon. En diálogo con la 99.9, manifestó su sorpresa por el informe elaborado por el área educativa y sostuvo que desconoce buena parte de los debates pedagógicos actuales que se están dando tanto en Argentina como en el resto del mundo.
“Con un poco de sorpresa leímos el informe”, señaló la edil, al explicar que la iniciativa presentada no busca prohibir ni confiscar teléfonos, sino establecer reglas claras para su utilización dentro de las aulas. “Cuando llega la respuesta, el informe se pelea con algo que no tiene nada que ver con nuestra propuesta. Dice estar en contra de prohibir y confiscar los teléfonos, cuestión que el artículo primero de nuestro proyecto no plantea. Lo que proponemos es regular el uso de teléfonos celulares”, aclaró.
Según explicó, la propuesta parte de una realidad cotidiana que también está respaldada por investigaciones académicas. “El teléfono celular compite o afecta la atención en el aula. Lo plantea nuestro proyecto, lo plantea la evidencia y lo plantea también la práctica cotidiana”, afirmó.
Para Cuesta, el informe de la Secretaría incurre en errores conceptuales importantes. Uno de ellos es justificar el uso del celular porque muchos estudiantes acceden a material de lectura a través de esos dispositivos. “Decir que como no hay libros los chicos leen desde el celular es naturalizar una carencia”, sostuvo. Además, remarcó que diversos estudios han demostrado que la lectura en pantallas pequeñas resulta menos eficaz. “El efecto negativo que tiene leer desde una pantalla pequeña como es el celular está demostrado. Además, uno no tiene sólo el texto, tiene aplicaciones, notificaciones y un montón de distracciones que hacen que esa lectura sea fragmentada y no en profundidad”.
La concejal también rechazó la idea de que el celular funcione como un “igualador educativo”. “Esa es una noción que se tenía hace dos décadas, cuando se creía que el acceso a la tecnología generaba igualdad. Hoy sabemos que eso no es así”, explicó. En ese sentido recordó que, según los datos disponibles, “en Argentina los chicos acceden a su primer celular en promedio a los 9 años”, por lo que la diferencia ya no pasa por el acceso sino por el uso que se hace de la tecnología.
“Estoy bastante en contra de la mirada de la Secretaría de Educación porque deja afuera cuestiones centrales de los debates educativos actuales: cómo se va a dar el uso del teléfono y cómo entra el teléfono en la escuela”, indicó.
Cuesta enfatizó que la iniciativa no desconoce el valor pedagógico que pueden tener las nuevas tecnologías. “Nosotros sí decimos que si hay un uso pedagógico puede habilitarse”, aclaró. Sin embargo, insistió en que la ausencia de regulación afecta directamente los procesos de enseñanza y aprendizaje. “Estamos convencidos de que el teléfono sin una regulación en el aula compite con algo fundamental que es la atención”.
La edil señaló además que la tendencia internacional se orienta cada vez más hacia la regulación de las pantallas dentro del ámbito educativo. “Desde hace un tiempo la tendencia mundial es regular el uso de pantallas porque se ha demostrado, incluso desde la neurociencia, el efecto negativo de la hiperconectividad sobre procesos básicos para aprender”, sostuvo.
Entre esos efectos mencionó dificultades para mantener la atención, problemas para realizar lecturas profundas, alteraciones en la memoria y limitaciones para consolidar conocimientos. “La idea del multitasking afecta la capacidad de recordar y la memoria es un proceso esencial para el aprendizaje”, explicó.
Pero el problema, según señaló, no se limita a lo académico. También afecta la socialización, una función central de la escuela. “Uno va a la escuela a aprender, pero también a hacer amigos y socializar. Si está todo el tiempo con el teléfono puede estar entretenido sin hablar con nadie, sin jugar con nadie durante el recreo”, indicó.
La concejal destacó que muchas instituciones educativas ya avanzaron en esta dirección por iniciativa propia. “Las escuelas privadas de Mar del Plata empezaron a prohibir el uso de teléfonos a través de acuerdos institucionales. También lo hacen escuelas de gestión estatal y algunas municipales”, explicó.
A su entender, la experiencia cotidiana de los docentes confirma la necesidad de intervenir. “Hablás con cualquier docente y te dice que es imposible dar clases mientras los estudiantes están haciendo cualquier cosa con el teléfono”, afirmó.
Además, consideró que la problemática excede el ámbito escolar y se refleja en la vida cotidiana de cualquier persona. “Cuando querés leer algo desde el teléfono tardás más, te desconcentrás más porque te llega una notificación o te acordás de mirar otra cosa. Y eso nos pasa a los adultos. Imaginate estudiantes que además tienen que leer algo que quizás ni siquiera les interesa porque forma parte de una materia”, señaló.
Cuesta insistió en que el debate no debe plantearse como una oposición entre tecnología sí o tecnología no. “Siempre que haya una intención pedagógica, cualquier recurso puede estar bien utilizado. Lo que discutimos es cómo entra el teléfono en la escuela”, afirmó.
También advirtió sobre los efectos sociales de la hiperconectividad. “Hoy la diferenciación no está en el acceso a la tecnología, sino en cómo se utilizan las redes sociales y en los daños que genera la hiperconectividad”, explicó. Según indicó, son justamente los sectores más vulnerables los que suelen estar más expuestos a este fenómeno debido a distintas condiciones sociales y familiares.
En ese marco, recordó que existen investigaciones que vinculan el uso excesivo de pantallas con retrasos en el habla durante la primera infancia y con problemas de comprensión lectora. “Si sabemos cuáles son los problemas y está probado que las pantallas lejos de mejorar los perjudican, no tiene sentido naturalizar que los chicos lean desde un dispositivo que sabemos que no favorece la lectura profunda”, sostuvo.
Finalmente, expresó su expectativa de que el proyecto avance en el Concejo Deliberante. “Espero que la semana que viene se apruebe en comisión”, indicó, aunque aclaró que el expediente continúa siendo analizado por distintos bloques políticos.
Para Cuesta, la discusión es simple: “En la escuela se regula todo. Se regula el horario de entrada, el recreo, las clases de educación física, cómo nos sentamos. Entonces también es necesario regular cómo se usa el teléfono celular. Porque es imposible dar clases si el docente está compitiendo todo el tiempo con TikTok, Instagram o una notificación de WhatsApp”.