Judith Díaz, abuela de Leila Lima, denunció en la 99.9 el trato que recibió su nieta durante una consulta en el CEMA. La adolescente, sobreviviente de un intento de suicidio ocurrido en España, espera desde hace años una atención integral y ahora su familia reclama una sanción para la profesional que, según aseguró, la maltrató durante una consulta.

La historia de Leila Lima continúa siendo un calvario para su familia. La adolescente de 16 años, que sobrevivió de manera casi milagrosa al intento de suicidio en el que murió su hermana Alana en un pequeño pueblo de Cataluña, atraviesa un complejo proceso de recuperación física y psicológica en Mar del Plata. Sin embargo, según denunció su abuela Judith Díaz en diálogo con la 99.9, el sistema de salud público volvió a exponerla a una situación de enorme violencia institucional.
«Lo que le pasó a ella y la forma en que se recuperó es algo milagroso«, afirmó Judith. Explicó que Leila asiste actualmente a una escuela secundaria pública y que, si bien «no tiene grandes dificultades en el aprendizaje», las secuelas físicas y psicológicas siguen siendo profundas. «La parte física y psicológica está dañada», resumió.
La adolescente continúa bajo tratamiento psiquiátrico y psicológico, mientras que una de las secuelas más graves permanece en su brazo izquierdo. «Al caer perdió el codo, quedó pulverizado. En España tuvo tres operaciones con placas de titanio, pero como es una zona con muy poca piel, las placas terminaban rompiéndola y hubo que volver a intervenirla varias veces», relató.
Como consecuencia, Leila conserva una movilidad muy limitada. «Tiene el brazo con un ángulo de 90 grados, no puede moverlo más que eso. En España nos dijeron que la recuperación dependería del crecimiento de su cuerpo, porque cuando ocurrió tenía apenas 12 años», explicó.
Judith cuestionó además las enormes demoras del sistema sanitario argentino. «Recién ahora, hace unos meses, empezó a tener algo mínimo de atención. Siempre pasaba algo: el tomógrafo no funcionaba, los turnos se postergaban», indicó.
Uno de los episodios más graves ocurrió esta semana en el CEMA. La consulta con Traumatología había sido solicitada en enero y recién fue otorgada para julio. «Mi hija sacó el turno en enero y recién ayer la atendieron», señaló.
Según su relato, la profesional llegó con más de una hora de demora. «Tenía turno a las ocho de la mañana. Como no la llamaban, mi hija preguntó en la mesa de entrada y le dijeron que la médica todavía no había llegado. Apareció recién a las nueve y media», sostuvo.
Pero lo peor llegó durante la consulta. Judith identificó públicamente a la médica como Paola Banega, y aseguró que, al conocer que buscaban iniciar el trámite del Certificado Único de Discapacidad (CUD), respondió de manera ofensiva.
«Le preguntó para qué quería el certificado y cuando mi hija le explicó, le dijo: ‘Ah, vos lo que querés es tener el CUD para no trabajar durante toda tu vida'», denunció.
Para Judith, el comentario resulta inadmisible, especialmente considerando el cuadro de salud de su nieta. «Mi nieta estaba presente. Toma medicación psiquiátrica, tiene depresiones, se autolesiona, ha tenido muchos retrocesos durante estos años. Que una profesional le diga eso es una revictimización enorme», lamentó.
La mujer recordó que Leila sobrevivió a un episodio extremadamente traumático. «El pronóstico era muy negativo. Se golpeó gravemente la cabeza, sufrió daños neurológicos, pasó por un proceso muy duro de recuperación. Yo viajé a España y la vi llena de morfina, atravesando el síndrome de abstinencia de toda la medicación. No la vi despierta porque regresé antes de que despertara. Vivimos todo ese proceso y ahora tenemos que pasar por esto», expresó.
Tras el episodio, la familia realizó un reclamo formal en el CEMA y ahora espera ser recibida por el director del establecimiento. «Quiero hablar con él porque esta médica ya tiene otros reclamos por mala atención. Alguna sanción le tiene que caber. No son maneras de tratar a nadie», sostuvo.
Judith aclaró que comprende las dificultades que atraviesa el sistema de salud, pero consideró que eso no justifica el destrato. «Sabemos cómo está la situación económica, que los médicos cobran poco y que hay muchos problemas, pero una cosa no tiene que ver con la otra. Que yo cobre poco no significa que maltrate a la persona que tengo sentada delante del escritorio», concluyó.