Morosidad récord: “Si no medís lo que entra y sale de tu bolsillo, no podés cambiar algo que no conocés”

El divulgador financiero y fundador de Finanzas Bajo Control, Nicolás Passini, analizó en la 99.9 el fuerte crecimiento del endeudamiento de las familias y explicó por qué las billeteras virtuales, las tarjetas de crédito y las altas tasas pueden transformar una deuda en una “bola de nieve”. También brindó recomendaciones concretas para ordenar las finanzas y negociar obligaciones impagas.

La morosidad de las familias alcanzó niveles preocupantes y, detrás de ese fenómeno, aparecen cambios profundos en la forma en que los argentinos se financian. El divulgador financiero y fundador de Finanzas Bajo Control, Nicolás Passini, explicó en la 99.9 que uno de los principales problemas está relacionado con los créditos tomados a través de billeteras virtuales, que presentan algunos de los costos financieros más elevados, aunque también señaló que existe un cambio de contexto que dejó atrás una práctica muy extendida durante los años de alta inflación: esperar que el aumento de precios licuara las cuotas y las deudas.

Passini recordó que durante mucho tiempo los argentinos se acostumbraron a que la inflación fuera reduciendo el peso real de las obligaciones. “En general no se suele clarificar esa dinámica inflacionaria que vivimos y que hace que vaya diluyendo la cuota. Y nosotros como que estábamos acostumbrados a eso”, explicó. Según señaló, esa lógica también se trasladaba al uso de las tarjetas de crédito: “Si vos pagás el mínimo de la tarjeta y te cobran intereses, no lo sentías tanto antes porque la propia inflación medio como que te lo iba comiendo”. El especialista contó además que trabajó durante años en la industria bancaria y que pudo observar esa dinámica “con miles de clientes”, a quienes intentaba advertir sobre las consecuencias de no cancelar el total del resumen.

El cambio aparece cuando la inflación comienza a desacelerarse y las tasas de interés permanecen por encima de ese nivel. Passini explicó que, además, los bancos y otras entidades financieras comenzaron a enfrentarse a un escenario diferente luego de la desaparición de determinadas fuentes de financiamiento que existían anteriormente. “De pronto ocurre que tienen un montón de dinero y que tienen que tomar la decisión de empezar a trabajar como bancos, o sea, prestarle plata a las familias”, sostuvo. Sin embargo, consideró que ante una dinámica en la que durante años no se desarrollaron políticas de riesgo y crediticias adecuadas, las entidades terminaron cubriéndose mediante tasas elevadas. De esta manera, una persona que antes podía percibir que la inflación reducía el peso de una deuda ahora enfrenta el escenario contrario: “Si me atraso en una cuota y ahora no solo la inflación está bajando, o sea que no me está licuando, sino que encima las tasas de interés se mantienen mucho más altas que la inflación, eso termina sucediendo de que se convierte en una bola de nieve, pero en contra”.

Frente a este panorama, el primer paso para quienes están endeudados, según Passini, no es buscar inmediatamente una refinanciación sino conocer con precisión la propia situación financiera. “Primero y principal, que esto se lo digo siempre a mis clientes y suena hasta medio aburrido, hay que hacer un registro de gastos para poder entender cuánta plata entra y sale de nuestro bolsillo cada mes”, recomendó. En ese análisis también debe incluirse el resumen de la tarjeta de crédito, que muchas veces se paga automáticamente sin revisar en profundidad qué conceptos aparecen allí. El especialista planteó la necesidad de controlar si existen débitos automáticos que no corresponden, suscripciones que comenzaron después de una prueba gratuita, compras que fueron cobradas incorrectamente o cualquier otro gasto que pueda estar drenando recursos sin que el usuario lo advierta.

La importancia de ese registro, explicó, radica en que permite determinar cuál es la verdadera capacidad de pago de una persona. “Si yo no mido lo que está entrando y saliendo de mi bolsillo, si no conozco la información, no puedo cambiar algo que no conozco”, afirmó. A partir de ese diagnóstico pueden aparecer dos escenarios: por un lado, la posibilidad de reducir gastos para recuperar capacidad de ahorro y destinarla al pago de las deudas; por otro, descubrir que los gastos fijos ya consumen prácticamente todos los ingresos disponibles, lo que obliga a buscar alguna fuente adicional de dinero. “Tal vez tenga que buscar alguna fuente de ingreso adicional, una changuita, lo que fuese, que me genere 100, 200 mil, 300 mil pesos extra que me permita tal vez tener una capacidad de pago o de ahorro un poco mayor”, ejemplificó.

Una vez conocido el panorama, el siguiente paso es establecer prioridades y analizar con cuidado cualquier propuesta de refinanciación. Passini advirtió especialmente sobre las llamadas provenientes de estudios de cobranzas. “Tengo que tener presente de que esa persona no es que quiere lo mejor para mí, que tome la mejor decisión financiera. Esa persona del estudio de cobranza tiene un incentivo, un incentivo comercial, un objetivo propio de recuperar la deuda”, señaló. En ese sentido, explicó que puede existir presión para que el deudor acepte una refinanciación sin evaluar si realmente podrá afrontar las cuotas futuras. “Te va a intentar meter miedo, te va a intentar decir un montón de todas las consecuencias que pueden llegar a suceder si no pagás y vos tal vez terminás aceptando una refinanciación que no podés pagar”, sostuvo.

El especialista fue particularmente contundente respecto de ese punto: si una persona no tiene la certeza de poder afrontar todos los meses la cuota propuesta, no debería aceptar una refinanciación de manera impulsiva. “Si la oferta de refinanciación que te ofrecen, esa cuota vos no tenés la seguridad al 100% de que la vas a poder pagar todos los meses y la vas a poder llevar al día, no refinancies”, aconsejó. Según explicó, aceptar una obligación que después tampoco podrá ser cumplida puede incrementar el costo financiero de la deuda y generar nuevas complicaciones.

Passini también llamó la atención sobre las diferencias entre mantener una deuda originada en una tarjeta de crédito y transformarla mediante una refinanciación. “Lo único que va a terminar sucediendo es que vas a terminar elevando el costo financiero de esa deuda, vas a pagar mucho más intereses y, sobre todas las cosas, lo que va a terminar sucediendo es que vas a renunciar a tus derechos como usuario financiero en la ley de tarjetas de crédito”, afirmó. En su explicación, sostuvo que cuando una deuda pasa a una refinanciación y se firma un pagaré, puede convertirse en un título ejecutivo, haciendo que el reclamo de la obligación tenga características diferentes si posteriormente el deudor vuelve a incumplir.

Frente a la imposibilidad de afrontar una deuda inmediatamente, el divulgador financiero propuso una estrategia diferente: empezar a reunir dinero y esperar el momento adecuado para negociar. “Yo lo que le digo a los clientes, empezá a juntar plata, separala en una billetera”, recomendó. Incluso planteó un ejemplo concreto: si una persona debe dos millones de pesos y logra reunir un millón y medio, puede presentarse ante el estudio de cobranzas y ofrecer esa suma para cancelar definitivamente la obligación. La lógica detrás de esa estrategia, según explicó, es que con el paso del tiempo la deuda puede tener un menor valor para el acreedor debido a la menor posibilidad de recupero.

“Si la deuda es de 2 millones de pesos, si juntás un millón y medio de pesos, vas a poder cuando te llamen de cobranza decir: ‘Mirá, tengo para pagar un millón y medio’”, ejemplificó Passini. En ese escenario, puede aparecer una negociación que permita obtener una quita: “Tal vez te dicen: ‘¿Sabés qué? Te hago un 25% de descuento de lo que vos debías, te cobro un millón y medio y ya te doy el libre de deuda’”. Para el especialista, esa es la diferencia entre aceptar una refinanciación por presión y negociar realmente una deuda teniendo capacidad concreta para cancelarla.

El escenario de morosidad, según Passini, obliga a modificar hábitos financieros que durante años estuvieron naturalizados. La desaceleración de la inflación cambia completamente la relación entre deuda, tasas de interés e ingresos, y obliga a las familias a mirar con mayor atención cada decisión de financiamiento. En ese contexto, conocer cuánto dinero ingresa, cuánto se gasta, qué deudas tienen mayor costo y qué capacidad real existe para asumir una cuota son pasos fundamentales antes de tomar nuevas decisiones financieras.