El analista internacional Patricio Giusto analizó en la 99.9 el encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping, advirtió sobre el peso estratégico de Taiwán, la creciente interdependencia entre China y Estados Unidos y el avance chino en tecnología y autos eléctricos: “Eso va a sobrevivir a Trump y a los próximos líderes”.

El encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping dejó mucho más que imágenes de protocolo y cordialidad diplomática. Para el analista internacional Patricio Giusto, detrás de la espectacular puesta en escena hubo señales políticas profundas que permiten leer el momento geopolítico actual y entender cómo China aprovecha un escenario internacional favorable para fortalecer su posición frente a Estados Unidos.
En diálogo con la 99.9, Giusto explicó que la recepción organizada por Beijing estuvo diseñada especialmente para impactar al mandatario norteamericano. “Los chinos si algo saben es cómo recibir a la persona, al líder que los está visitando y ellos saben que a Trump le encanta la pompa, le encanta la grandiosidad, le encanta toda la cuestión imperial”, señaló. Recordó además que en la visita anterior de Trump, en 2017, “lo primero que hicieron fue llevarlo al Palacio del Pueblo, un recorrido por la Muralla, esas cosas que a Trump lo impactan”.
Según explicó, la reunión de más de dos horas y la cena posterior dejaron una impresión positiva. “Parece que salió bien de acuerdo a los dos comunicados que hubo. No hubo nada exagerado y, aunque la parte norteamericana suele exagerar con el estilo de Trump, en este caso fue bastante cauta la cosa”.
Sin embargo, para Giusto lo más importante no estuvo en el protocolo ni en el tono de los comunicados, sino en un mensaje puntual de Xi Jinping: “Las relaciones entre China y Estados Unidos son las más importantes del mundo y el tema Taiwán es el más importante de las relaciones entre China y Estados Unidos. Bien manejado puede conducir a la estabilidad, mal manejado puede llevar al conflicto y a la confrontación”. Para el especialista, “evidentemente quiso enfatizar este tema puntualmente”.
Giusto consideró que ese mensaje no fue casual y respondió a un contexto internacional específico. “Cada vez que se reúnen los presidentes de China y Estados Unidos el tema Taiwán es inevitable, pero en este momento Xi quiso enfatizarlo por algunos gestos de Estados Unidos de incrementar la venta de armas y otras cuestiones que desataron alerta”. Además indicó que China atraviesa “un momento bastante favorable” en el vínculo con la isla, especialmente luego de la visita histórica de la presidenta del Kuomintang a Beijing.
En ese escenario, afirmó que Xi aprovechó la situación para aumentar presión sobre un Trump debilitado: “Llega muy golpeado a esta visita por el desastre de la guerra en Irán, donde no encuentra salida y vuelve a pedir ayuda para reabrir el Estrecho de Ormuz”.
Respecto al papel chino en Medio Oriente, Giusto fue prudente y remarcó que Beijing tiene intereses energéticos concretos pero evitará involucrarse de manera directa. “China no está pudiendo comprar petróleo de Arabia Saudita, Irak o Emiratos Árabes y el GNL, el gas natural licuado, le preocupa mucho”. Sin embargo aclaró: “No esperemos una China que empiece a adherir o a replicar el discurso de Trump de cómo salir de este desastre que crearon básicamente Estados Unidos e Israel al atacar Irán”.
A su entender, la participación china continuará siendo moderada. “Va a ser muy cauta en el involucramiento. Está apoyando la mediación de Pakistán, pero no imagino a China enviando barcos para garantizar el paso por el estrecho. Estamos lejos de eso”.
Otro aspecto central fue la composición de la delegación empresarial que acompañó al presidente estadounidense. Giusto destacó la presencia de 17 CEOs tecnológicos y especialmente la incorporación de último momento de Jensen Huang, CEO de Nvidia. “China sigue siendo muy dependiente de esos semiconductores, sobre todo por una cuestión de cantidad. Si eso se destraba sería un gran éxito para China”, afirmó.
Pero para el analista el dato excede una negociación puntual y revela una relación estructural entre ambas potencias. “Esos CEOs no fueron subidos a punta de pistola por Trump. Son empresas que tienen sus principales inversiones en Estados Unidos y saben que el proceso de innovación y la producción futura depende de la innovación china”. Y remató: “Hay una interdependencia que va a sobrevivir a Trump y a los próximos líderes en las próximas décadas”.
Esa misma lógica se traslada a la industria automotriz, donde Giusto cree que China ya logró una ventaja muy difícil de revertir. “Cantidad, calidad y precio son los tres ejes. Primero podían producir mucho pero los modelos no eran buenos; ahora tienen la mejor tecnología tanto de híbridos como de eléctricos”.
El especialista sostuvo que el fenómeno ya es visible en Argentina y remarcó que el crecimiento chino representa una oportunidad que el país todavía no aprovechó. “En Brasil hay una planta de BYD que es la más grande de la región. Nosotros tenemos potencial, tenemos know how y empresas históricas que podrían adaptarse. Ojalá pasemos no solo a importar sino también a producir”.
Incluso planteó que las limitaciones actuales de los autos eléctricos podrían desaparecer rápidamente. “Ya hay vehículos con autonomía de 600 kilómetros y las nuevas baterías van en esa línea. En pocos años la cuestión de las distancias va a ser un tema superado”.
Para Giusto, el desafío argentino será decidir si participa de esa transformación o se limita a observarla desde afuera. “Hay una oportunidad real de integrarnos también a la cadena de producción. La transición energética de los próximos años va a estar centrada en esta cuestión, en la movilidad sustentable”.