Una perito denunció a un juez: “Me manoseó todo el cuerpo”

El caso habría ocurrido en la casa de Juan José De Oliveira, hijo del subprocurador de la Suprema Corte. La médica Virginia Creimer lo acusó de “abuso sexual y lesiones”

La médica perito judicial y diplomada en Psicología Jurídica y Forense Emma Virginia Creimer (50) formalizó ayer su denuncia contra el juez civil de La Plata Juan José De Oliveira, por presunto abuso sexual y lesiones. El caso se conoció días atrás en una entrevista televisiva que dio la profesional, pero ahora lo expuso ante el gabinete de Delitos Sexuales de la DDI La Plata, a donde acudió ayer al mediodía acompañada por el
abogado que la patrocina, Darío Saldaño.

Además de dar su testimonio, Creimer presentó “el reconocimiento médico que le hicieron en el hospital Rossi por las lesiones que sufrió cuando (el acusado) intentó arrancarle la ropa, algunas marcas de sujeción y aportó testigos con los que ella habló inmediatamente después del hecho”, apuntó Saldaño a este diario. Se incorporaron, además, los chats de WhatsApp en los que De Oliveira presuntamente “trató de explicar” lo que sucedió el 3 de enero pasado.

Según Creimer, el incidente arrancó a las 3 de la tarde de ese día con un incidente casual, como fue un desperfecto mecánico en su camioneta, que dejó a sus dos hijos adolescentes varados en el centro de City Bell. Contó la mujer que, “vestida como estaba, con un short y un top deportivo”, fue corriendo desde su casa, en la misma localidad, hasta donde ellos se encontraban, para quedarse allí a esperar la grúa mientras los chicos volvían a su domicilio. Media hora después, recordó en su declaración, le “llegó un mensaje de Juan José De Oliveira”, con quien había trabajado en el Ministerio Público y al que dijo conocer desde hace “15 años”. Según figura en la denuncia a la que accedió este diario, la perito le comentó el problema que tenía con su vehículo y él “se ofreció a trasladarme desde la concesionaria” (a donde iba a llevarla la grúa) hasta “mi casa, si no me arreglaban el auto”. Después de un intercambio de mensajes y ya con el vehículo reparado, explicó Creimer, ella le contestó “por una cuestión de amabilidad por el gesto que había tenido, que si quería tomábamos un mate en su casa”.

Aclaró la denunciante que “habían pasado muchos años sin que yo lo viera” y el contacto “era únicamente a través de WhatsApp”, sobre todo porque “comentaba mis fotos y mis estados, sabiendo que yo me había divorciado en 2018 y que pasaba por reiterados momentos de tristeza”. Para entonces, agregó, el juez ya le “había contado que se había separado de su mujer”, entre otras circunstancias muy privadas.

Detalló la profesional que llegó a la casa de De Oliveira (en La Loma) poco antes de las 6 de la tarde y lo esperó unos minutos, hasta que él se presentó y la hizo pasar, aclarándole que “estaba solo”.

Relató luego que el acusado preparó mate en la cocina, le ofreció probar un postre que él mismo había hecho y se sentaron a charlar, “particularmente sobre trabajo”, hasta que “él cambió la conversación” para hablar, dijo Creimer, de cuestiones personales, suyas y de su ex mujer. “Acto seguido empezó a cambiar el lenguaje gestual, se cruzó de pierna, empezó a sonreírse sin motivo aparente y me dijo que no podía ofrecerme una relación estable”, comentario que ella consideró “absolutamente bizarro” porque “no tenía nada que ver con la conversación”. Y siguió: “Le contesté que no estaba buscando ninguna relación con él (…); él volvió a arremeter con el hecho de que sólo podía ofrecerme relaciones ocasionales (…) mientras me decía ´estás ahí sentada enfrente mío con tan poca ropa que me generás cosas, mirá cómo me estoy poniendo´”.

Según Creimer, el acusado estaba cruzado de piernas “con las manos tapando sus genitales. Entonces, me levanté y le dije ´bueno Juan me parece que no tenemos nada más que hablar, me tengo que ir’. Cuando me paré y me di vuelta me agarró de atrás de la cintura, me giró y me empezó a besar en la boca y en la cara mientras yo trataba de empujarlo y sacármelo de encima”.

Le repetía, aseguró la mujer, que “no, que estaba equivocado, pero él no me soltaba y me empujaba (…) mientras trataba de sacarme la ropa, metiéndome la mano debajo del top”. Describió Creimer un forcejeo en el que el acusado la empujó hacia una habitación que no pudo describir, al tiempo que le agarró “el bretel izquierdo del top sin dejar de manosearme todo el cuerpo; me agarraba de los glúteos, de los pechos”, hasta que ella quedó contra una puerta -aseguró-, se sujetó del marco y logró “girarme, soltarme” y escapar hacia la salida.

Subí a mi camioneta -declaró- con ganas de vomitar del olor que me había quedado en la cara, en todo mi cuerpo. Me fui manejando y llorando a los gritos hasta mi casa y me comuniqué con mi grupo de amigas”, expuso. En su casa, dijo, se encontró con su hija, pero como “no podía parar de llorar, le dije que me iba corriendo al Parque Ecológico”. Al volver, conversó con ella y pasó “viernes, sábado y domingo llorando sin parar”, indicó.

En el Hospital Rossi constataron que tenía lesiones “en los dos brazos, excoriaciones en el lugar donde estuvo tirando para sacarme el corpiño y dos moretones redondos en el glúteo derecho”, detalló.

Consultado por este diario, el defensor de De Oliveira, Julio Beley, aclaró que hasta ayer no habían tenido acceso a la denuncia y anticipó que presentarán oportunamente el material que sostendría una versión distinta a la de Creimer.

“NUNCA ES FÁCIL”

Creimer arrancó la entrevista televisiva con Chiche Gelblung, días atrás, aclarando que “ahora va a aparecer un abusómetro y todo el mundo va a empezar a opinar si fui mucho o poco abusada. Nunca es fácil para una víctima poner en palabras lo que pasó y aunque parezca contradictorio es mucho más para mí, que soy una mujer empoderada, porque a mí ‘no me debería pasar’…”. Es que -según analizó- vive “en una hipervigilancia permanente”, donde controla “con quién” se sienta “y con quién no”. Eso, por su profesión (llegó a ser jefa de peritos). “Esta vez estaba más vulnerable, me sentía sola. Ese es mi talón de Aquiles… y este juez, que yo lo conozco desde hace 15 años, reapareció hace un año”, contó. Y remató: “Yo no sabía si denunciar, porque ahora sé lo que se viene. Pero quieras o no soy un ejemplo de muchas mujeres que vinieron a Sudamérica para pedirnos que pusiéramos en práctica un proyecto de prevención de violencia de género”.