Carlos Carricart, vecino del barrio Playa Grande, expresó en la 99.9 su preocupación por la modificación de la ordenanza 14.000 impulsada por el concejal Marcelo Cardoso. Advirtió que la iniciativa elimina herramientas de control y podría reabrir conflictos similares a los que durante años afectaron a la zona de Alem.

La propuesta para modificar la ordenanza 14.000 encendió alarmas entre vecinos de Playa Grande y otros sectores de Mar del Plata. Carlos Carricart, residente de la zona y uno de los referentes vecinales que impulsan el rechazo al proyecto, cuestionó duramente la iniciativa del concejal Marcelo Cardoso y sostuvo que la reforma elimina mecanismos de control que permitieron resolver graves conflictos de convivencia en el pasado.
“Era precisamente una herramienta de control para los lugares que no eran específicamente bailables, como gastronomía, bares y otros espacios que no estaban habilitados para tal fin”, explicó Carricart en la 99.9. Según indicó, la modificación elimina aspectos centrales de la normativa y deja a los vecinos sin capacidad de defensa ante posibles excesos: “Todos los ítems que precisamente eran interesantes en esa ordenanza quedan eliminados llamativamente por alguien que perteneció a Inspección General y conocía la problemática”.
La referencia inevitable fue la experiencia de la calle Alem y los conflictos nocturnos que marcaron a la zona durante años. “No creo que nadie pueda olvidar lo que eso ocasionó a un sector enorme de la ciudad”, afirmó. Y agregó: “Nuestra única pretensión es vivir tranquilos en nuestro barrio y en nuestra casa, sin ningún otro objetivo; nada más que buena calidad de vida”.
Carricart aclaró que actualmente la situación comercial de Alem se encuentra normalizada y destacó datos recientes que, según explicó, contradicen la necesidad de modificar la normativa: “Hay un informe de la UCIP de hace apenas unas semanas donde se destaca que la zona está consolidada con un 96% de locales abiertos”. En ese sentido señaló que “hay lugares gastronómicos, gimnasios y todo tipo de comercios que conviven perfectamente con un área residencial, sin ningún tipo de conflicto”.
Sin embargo, remarcó que la preocupación excede a Playa Grande: “Esta ordenanza rige para toda la ciudad y para todo el partido. Esta problemática puede trasladarse a cualquier otro sector”. Para ejemplificarlo planteó una situación cotidiana: “Si usted al lado de su casa tiene un local inofensivo, una casa de picadas, y de golpe deciden poner un DJ hasta las cuatro de la mañana, no tendría cómo defenderse”.
Uno de los puntos que más inquietud genera es el sistema de sanciones previsto en la modificación. Según detalló, “la misma ordenanza establece que hay que tener tres constataciones de ruido para sancionar de alguna manera al local”. Y cuestionó la capacidad operativa del municipio: “¿Cuánto personal tiene Inspección General de nocturnidad? ¿Cuántos decibelímetros tienen? Para lograr una sola constatación ya es difícil. Tener tres es complejizar burocráticamente toda posibilidad de reclamo”.
“Quedamos absolutamente desprotegidos”, resumió.
Además, cuestionó que quienes plantean objeciones sean ubicados en una falsa división social. “Nos ponen en esa dicotomía del ciudadano del sí o del ciudadano del no. Nosotros somos ciudadanos del sí: del cine, de Mar del Plata, de todo lo que sea positivo para vivir armónicamente”.
Carricart insistió en que no existe un rechazo hacia la actividad nocturna ni contra los DJs: “No tenemos nada contra la actividad gastronómica, ni contra los DJ ni contra ninguna actividad de esparcimiento”. El problema, aclaró, es “la liberación de que cualquiera pueda realizar esa actividad en sectores que ni siquiera imaginan que eso puede ocurrir”.
También cuestionó que la iniciativa sea impulsada por alguien que ocupó un rol de control estatal: “Que una persona que fue integrante del organismo de contralor y recibía denuncias sobre este tipo de situaciones sea quien presenta la ordenanza realmente nos sorprende”.
Finalmente recordó que el conflicto de Alem tuvo incluso derivaciones nacionales y aseguró que no se trató de una simple queja vecinal: “Hubo un exhorto de la Defensoría del Pueblo de la Nación. Vinieron expertos en medio ambiente y determinaron que había un daño medioambiental urbano”. Y concluyó: “No fue un caprichito de dos vecinos que no podían dormir. Fue una situación comprobable y muy negativa. Que hoy se quiera insistir en revivir algo de esa naturaleza realmente es sorprendente”.