¿Cambios policiales?

Caso Luciano | El juez Bombini se excusó en la causa originada en General Alvarado a pedido del comisario Vulcano. ¿Qué pasó realmente la noche de los disturbios originados durante una protesta por la muerte del joven? Un triste episodio que continúa generando interrogantes. ¿Quién es el padrastro de Luciano?

Todos recordamos el reciente episodio en el que Luciano Olivera —un joven de 16 años— murió tras una persecución de la Policía Bonaerense. Fue baleado, y el hecho es investigado por el fiscal Lodola. En las primeras horas, el procedimiento generó protestas en la ciudad de Miramar que desembocaron en disturbios importantes, los cuales tuvieron repercusión a nivel nacional.

Para situar el contexto: la secuencia que terminó con la muerte del joven comenzó cerca de las 3 de la madrugada en el anfiteatro Lolita Torres de dicha ciudad, que es un lugar público ubicado en la plaza central. Allí estaba Olivera, con una moto Yamaha YBR, propiedad de su padrastro. Además, había otros jóvenes. Según los registros policiales, el móvil de la patrulla comunal acudió por un llamado denunciando disturbios y ruidos, específicamente, música a alto volúmen.

En virtud de la hora, los policías debían identificar a los jóvenes que se encontraban allí, entre los cuales estaba Olivera. Pero algo ocurrió que puso en fuga al joven, conduciendo su motocicleta en contramano.

Es posible que solamente se haya tratado de la actitud adolescente de rebeldía, o que, por no contar con toda la documentación necesaria, hubiera podido prever el secuestro del vehículo que tendría consecuencias para él. Lo cierto es que aceleró su moto y escapó en dirección al norte de la ciudad. Luego de circular en zigzag, Olivera llegó hasta la calle 9 entre 32 y 34 donde se encontró con un patrullero que le estaba cortando el paso, y debió frenar. Del móvil 23305 del Comando de Patrullas descendieron tres policías varones y una mujer, pero fue el oficial Maximiliano González el que lo hizo con su arma desenfundada.

La reunión

Tal como sabemos, los protocolos policiales ordenan las situaciones desde bajo a alto riesgo, y su correlación con el uso del arma. Apuntar a una persona sólo se justifica en situaciones de alto riesgo, en el que la seguridad propia o de terceros está en juego. Según su propia versión, el policía vio a Olivera hacer una acción similar a abalanzarse y, sin querer, presionó el gatillo.

Pero hoy la fiscalía cuenta con la valiosa prueba testimonial de los tres policías que acompañaban a González, lo que dará sustento a la investigación. En la escena de la muerte, la motocicleta quedó tirada sobre su lado derecho y el cuerpo de Luciano junto al cordón de la vereda. En las inmediaciones hay dos cámaras de seguridad.

Una vez que se produjo el disparo, en medio de la desolada Miramar y de madrugada, la detonación alertó a vecinos. El rumor de un accidente empezó a circular y llegó incluso hasta la familia del menor, cuya tía materna es integrante de la policía bonaerense. A ella le avisaron poco antes de las 4 que se había producido un accidente.

Cuando la madre de Luciano llegó al lugar, lo encontró muerto. Nadie allí le dijo que había recibido un disparo porque aún circulaba el rumor del accidente, hasta que ella misma descubrió la herida en el pecho. El cadáver permaneció en el lugar hasta la llegada de la fiscal Ana Caro casi a las 7, y luego la Policía Federal se hizo cargo de la investigación.

Los hechos que acontecieron en las horas subsiguientes determinaron la enorme confusión que se mantendría en todos los canales de comunicación de los hechos, porque una enorme multitud comenzó a generar desórdenes en varios puntos de esta tranquila localidad, tal como lo relata el comisario Edgardo Andrés Vulcano, a la hora de formular la recusación contra el juez de garantías interviniente, Gabriel Bombini.

En la reunión que llevaron a cabo a las 20 de ese día en la municipalidad, ya todos estaban agotados, porque venían pendientes de estos hechos desde la noche anterior: «Cuatro o cinco infantes resistían como podían, una lluvia de piedras arrojadas por un número indeterminado de agresores. Decir lluvia no es exagerar. Basta haber visto como quedó el lugar para dimensionar lo que se vivió», relató Vulcano.

El comisario cuenta que estaba allí cuando la secretaria de Bombini lo convocó a la reunión en la fiscalía descentralizada a las 21:30 hs, y refuerza recordando que le tomó veinte minutos eludir las piedras que seguían “lloviendo”.

Allí el comisario se encontró con una mesa conformada y establecida, cuya única silla vacía era la suya. El juez Bombini presidía el acto, pero también estaban la fiscal Ana Caro, la secretaria que lo había llamado por teléfono, los representantes de la Comisión Provincial por la Memoria, un funcionario de Desarrollo Social de Nación, el Subsecretario de Seguridad Ciudadana del Partido de General Alvarado Antonio Centurión, y el comisario que llegaba, y se sorprendía por la dimensión de la convocatoria.

En primer término, Bombini explicó los términos de este hábeas corpus, y lo invitó a relatar lo sucedido. Entonces, Vulcano realizó un pormenorizado relato de los hechos, no de la muerte en sí, sino de los sucesos del conflicto posterior.

Así lo refiere en el pedido de recusación de Bombini: «Me hizo preguntas al respecto, como por ejemplo quién daba tales o cuales órdenes, qué fuerzas le respondían, qué había sucedido, qué reacción policial hubo frente a tal suceso, etc., de forma que tuvo en mis muchas palabras (no escatimé) un panorama acabado de todo lo sucedido y actuado. El Señor Juez escuchaba atentamente (lo consideré muy sabio porque noté su capacidad para escuchar y prestar atención a cada frase, cada concepto que yo vertía), y hacía preguntas cada vez que quería profundizar en alguna idea, o que me explayara en tal o cual cosa».

El superior

Pero cuando las preguntas llegaron al límite funcional, es decir, se trataron de fuerzas policiales que no estaban bajo el mando de Vulcano, el comisario debió requerir una jerarquía policial superior: en la ciudad se hallaba presente el jefe de policía. Pero, al cabo de un rato, se presentó en la reunión el Ministro de Seguridad provincial Sergio Berni, y cuando se estaban reacomodando las sillas, el juez le preguntó al Subsecretario de Seguridad: «…y cambios policiales…». Al decirlo, miró a Vulcano, y el comisario supo que hablaban de él. Que la cabeza que rodaba era la suya. Que acababa de brindar toda la información necesaria en mitad de la cosa, sin ningún reparo, y que ahora él se encontraba en la cuerda floja. «Cambios policiales», hablaba de él.

Agrega: «Para entonces, el Señor Juez Dr Bombini ya conocía todos los hechos de mi propia boca, y un destino imprevisto, imagino, quiso que el Señor Juez de Garantías conociese la totalidad de los hechos del propio imputado, que al hablar aún no lo era, pero que lo sería horas después». En la reunión también se hallaba la fiscal Ana Caro, pero no ha sido objeto de controversia, puesto que fue reemplazada por Juan Pablo Lódola, titular de la UFI. N° 12.

El resultado de la solicitud fue que el juez Bombini respondió el 20 de enero, y  concedió todos sus términos: dijo que si bien él consideraba que podía ser imparcial, era fundamental que Vulcano también lo sintiese y se encontrara en confianza del proceso judicial respectivo. Vulcano es un hombre formado en el derecho, y comprende perfectamente todos los aspectos del procedimiento que no nombra. Por lo expuesto, Bombini se excusó en favor de la jueza de garantías Lucrecia Bustos, titular del juzgado de garantías 6.

Un capítulo aparte es el padrastro de Luciano Franco Benavidez el cual tiene un frondoso prontuario y es motivo de acciones judiciales por parte de funcionarios policiales y familiares de estos por su actitud belicosa y amenazante ante estas personas. Es lamentable que a partir de un hecho tremendo como el que llevo a la muerte del menor se empodera un actor de la sociedad miramamarense harto conocido por su conducta desdorosa y tenga contra las cuerdas a los uniformados que ven licuada su autoridad. El ideologismo de funcionarios judiciales y actores políticos colaboran en deteriorar el criterio de convivencia en democracia y respeto a la autoridad.