
La investigación de la fiscal Betina J. S. de Lacki por asociación ilícita, defraudación y lavado de activos sigue sumando capítulos. Catriel Taubenschlag, quien jura y perjura que él nada que ver, deberá presentarse este lunes a declarar.
A pesar de la enorme cantidad de pruebas que la fiscal Betina J. S. de Lacki reunió en el expediente —cruces de movimientos bancarios, informes de la Policía Federal, y el testimonio de varios damnificados—, ahora todos los imputados se hacen los desentendidos. Tanto Taubenschlag como Albertina Mangini presentaron escritos ante la fiscalía en los que, cada uno a su manera, aseguran que ellos no tienen nada que ver con nada.
Escaneo de ojos
Recordemos que, el 7 de agosto, la agente fiscal Betina J. S. de Lacki, a cargo de la Unidad Funcional de Instrucción N.º 2 del Departamento Judicial La Plata, había pedido la detención de Albertina Mangini, Mauro Perrotta, Juan Ignacio Campoli Sillero, Catriel Taubenschlag, Cristian Alejandro Scigliano e Ignacio Leonel Marchioni por «Asociación Ilícita, Defraudación mediante uso indebido de datos, lavado de activos agravado por la habitualidad, por ser cometido como miembro de una asociación y por su comisión por un funcionario público en ejercicio de sus funciones, todos ellos en concurso real entre si». La hipótesis fiscal describe una organización que captaba a personas en situación de vulnerabilidad económica para abrir cuentas a su nombre, mediante las que se habría lavado dinero proveniente del juego clandestino. Les decían que los $80.000 que les daban, era a cambio de escanearles el ojo.
Mangini, secretaria de la Fiscalía General Departamental con funciones en la Oficina de Coordinación con el Patronato de Liberados, quedó detenida el 13 de agosto, después de que el juez de Garantías N.º 6 de La Plata, Agustín Crispo, rechazara un pedido de eximición de prisión presentado por su entonces defensa. Un hábeas corpus posterior, presentado por el abogado Guillermo Espinosa Viale, tampoco prosperó. Mauro Perrotta, el responsable de la cadena de gimnasios Red Line Gym señalado por la fiscalía como el nodo operativo de la maniobra, también quedó detenido y optó por no declarar. Marchioni, detenido en Quilmes, sí declaró y sostuvo que su actividad es el corretaje y las inversiones.
Taubenschlag, en cambio, corrió con otra suerte procesal: Crispo entendió en su momento que no había pruebas suficientes para ordenar su detención, al igual que con Campoli Sillero y Scigliano, quienes permanecen en libertad. El empresario había negado por comunicado haber cometido delito alguno y había sostenido que su actividad se limita al arbitraje en la compra y venta de criptomonedas.
Ahora, la causa vuelve a poner a Taubenschlag en el centro de la escena: fue notificado mediante cédula de la Comisaría General Pueyrredón Seccional Novena para presentarse este lunes 14 de septiembre ante el Juzgado de Garantías. Cada vez más y más complicado.
Yo no fui
El 10 de septiembre, Albertina Mangini presentó ante la fiscal de Lacki un escrito de «manifestaciones espontáneas», patrocinada por los doctores Alfredo J. M. Gascón, Miguel Ángel Molina y Alfredo M. Gascón. Lo hizo por escrito, aclaró, porque «no me encuentro en condiciones psíquicas, físicas, emocionales ni anímicas adecuadas para afrontar una audiencia oral y expresar verbalmente, con claridad y estabilidad, todo aquello que deseo hacerle saber a la Sra. Fiscal», invocando un cuadro de angustia, ataques de pánico y un deterioro físico y nutricional que dice atravesar desde hace años.
En cuanto a los hechos que se le imputan, Mangini construye su defensa alrededor de una sola conexión: Mauro Perrota, a quien dice haber conocido por ser «persona de suma confianza» de un íntimo amigo suyo, Javier Fernández Molinari. Según su relato, Perrota le comentó que tenía un proyecto de franquicias de gimnasios y que buscaba gente para entrevistar, a quienes les pagaría $80.000. «Si bien no ahonde, no advertí ningún tipo de irregularidad en su propuesta, que inmediatamente lo relacione con su actividad empresarial», sostiene, y agrega que Perrota siempre le pareció «exitoso, un hombre serio, empresario, con pluralidad de negocios, -todos lícitos-».
Sobre su rol en la derivación de Fabiola Araya —la empleada de limpieza cuyas cuentas, según el requerimiento fiscal, canalizaron más de $172.000.000— y de Lautaro Iribarne Di Pietro, Mangini admite haberlos puesto en contacto con Perrota, pero enmarca ese gesto en lo que describe como una obsesión producto de sus patologías: «no puedo despegarme ni desentenderme ni desligarme de las situaciones que me comentan las personas que entrevisto laboralmente […] y me pongo como obsesiva para tratar de darles una mano». Cuenta además que, ante los reclamos posteriores de Araya, llegó a transferirle $60.000 de su propio bolsillo «porque se había tornado insoportablemente insistente en la queja».
El escrito cierra con una negación categórica de cualquier vínculo con el resto de los imputados: «No conozco a Juan Ignacio Campoli Sillero, Catriel Taubenschlag, Cristian Alejandro Scigliano e Ignacio Leonel Marchioni, jamás tuve siquiera conocimiento de sus existencias, ni de sus actividades ni de sus vínculos». Y remata: «Con la única persona con la que mantuve contactos fue con Mauro Perrota».
¿Yo, señor? ¡No, señor!
Taubenschlag, por su parte, no presentó manifestaciones sobre los hechos, sino un pedido concreto: la eximición de prisión a raíz del allanamiento de la sede de Mi Saldo SRL, la empresa de su propiedad. El argumento central es que la imputación fiscal resulta vaga: «no se deduce ninguna maniobra concreta que permita encuadrarse dentro del delito de lavado de activos», sostienen las letradas que lo representan, y agregan que «no existe en la investigación un solo elemento que permita vincular al Sr. Taubenschlag con los delitos en los cuales la Fiscalía sostiene la acusación».
Para sostener la ausencia de peligrosidad procesal, el escrito apela al arraigo de Taubenschlag en Mar del Plata, ciudad donde nació, vive y donde también residen sus dos hijas menores y su madre, y remarca que «nuestro defendido ha viajado en diversas oportunidades hacia el exterior y siempre ha regresado». Como garantía de sujeción al proceso, sus abogadas ofrecieron como caución real la escritura de un inmueble de su propiedad.
Ya a fines de marzo de este año comenzábamos a dar cuenta de las investigaciones judiciales que se acumulan en torno a la figura de Catriel Taubenschlag. Él aseguraba entonces que tenía protección judicial. Desde acá se lo ve, semana a semana, cada vez más y más complicado.
