San Isidro no tiene puerto

¿Será por eso que ni Montenegro ni su sustituto se preocupan por la crisis de las industrias pesquera y naval en Mar del Plata? Pareciera que los paracaidistas se prepararon para gobernar el distrito equivocado.

A fines de la década del 1970, la Administración General de Puertos de la Nación le cedió los terrenos del Puerto de San Isidro al municipio para crear en ese lugar un parque público. Sí, el puerto como puerto en sí todavía existe, pero no se trata de una terminal productiva como la de Mar del Plata, de la que dependen decenas de miles de puestos de trabajo. Y todavía se puede ver, en el perfil de Facebook de Guillermo Montenegro, un video publicado el 10 de julio del 2015 donde él afirma —mirando a cámara, y sin que se le mueva un pelo— que San Isidro es su lugar en el mundo. ¿Será ese el problema? ¿Alguien le avisó que el puerto de Mar del Plata sí está activo y que es fundamental para la economía de la ciudad que él fue electo para gobernar? ¿Y el sustituto? ¿Habrá cruzado la avenida Juan B. Justo alguna vez?

Para los distraídos recordamos que, recientemente, el Consejo Federal Pesquero, en una maniobra claramente perjudicial para nuestra ciudad, aprobó dieciocho nuevos permisos para la pesca de calamar, de los cuales sólo uno se comprometió a descargar en Mar del Plata. Además, ninguno de esos barcos será construido en los astilleros de esta ciudad. Desde el ejecutivo local, sin embargo, no hubo quejas públicas ni reclamo alguno. Están demasiado ocupados subiendo videítos a TikTok.

Adiós a las PyMEs

En torno a los números de la pesca pareciera haber una contradicción: mientras que, desde el gobierno nacional, se publican estadísticas que parecieran reflejar un aumento de la actividad, los empresarios continúan denunciando una profunda crisis. Sebastián Agliano, presidente de la Asociación de Embarcaciones de Pesca Costera, explicó: «El Estado nacional hoy publicita algunos datos que no son ciertos, que son erróneos. Son ciertos en cuanto a las descargas, pero no lo que se produce respecto de la materia prima, el pescado y lo que llega a Mar del Plata».

«Con la zafra de langostino y el calamar, que es de donde el Gobierno se agarra para tirar los números que tira, en realidad el entramado productivo no se da acá: se baja en los puertos patagónicos, se baja producto entero para después reprocesar en países limítrofes», detalló. Ante la disparada del petróleo a nivel internacional, alrededor del 90% de la flota de altura se fue a la zafra de langostino y las costeras que él representa empezaron a operar desde otros puertos bonaerenses, más cerca del recurso: «Yo hoy la opción que tenía de descargar en Mar del Plata era el combustible».

Sobre el rumbo del Consejo Federal Pesquero, fue categórico: «Con las últimas resoluciones del Consejo Federal tienden a corporizar cada vez más la pesca en pocas manos. No hay un incentivo para que las pymes familiares quedemos en este mercado de trabajo y que, tarde o temprano, por más creatividad que pongamos, tendamos a desaparecer».

Su reclamo apunta al primer artículo de la ley: «Modifiquen la Ley Federal de Pesca, hagan las cosas como las tengan que hacer, pero bien. Modifiquen la Ley Federal de Pesca desde el artículo 1, que establece el derrame social de la producción, porque lo establece, lo dice la ley».

Consultado al aire por la ausencia de dirigentes políticos en la discusión, respondió: «Entrá a la página del Consejo Federal Pesquero, en las tres últimas actas del Consejo, donde se habló de la licitación de las licencias para los buques pesqueros poteros de calamar: la Provincia de Buenos Aires se opuso en las tres». Y sobre por qué nada de eso llega al debate público, aseguró: «No tendremos prensa por ahí, porque a la gente tampoco le interesa y porque hay empresarios también a los que les interesa que salga de esa forma».

«Hoy nosotros, los más chiquitos, los fresqueros, hasta los fresqueros de altura, toda la industria fresquera, no movemos el amperímetro dentro de un sector pesquero que tampoco a Economía le mueve mucho el amperímetro», concluyó.

Gradas vacías

Por su parte, Florencia Garrido, presidente de la Cámara de la Industria Naval de Mar del Plata, señaló: «La misma ley establece en su artículo 26 que se le debe otorgar preferencia a los proyectos de construcción nacional de los buques en astilleros nacionales», algo que fue burdamente ignorado a la hora de decidir en manos de quiénes terminaban estos nuevos permisos de pesca.

Otra forma de inclinar la cancha, fue a través de los plazos: «Para armar un barco, ir a pedir presupuestos, 20 días hábiles es un plazo irrisorio. Esto es una negociación que se tiene que iniciar con el astillero, además de presentar un montón de otra documentación que va por fuera de lo que es la construcción del buque», explicó. La Cámara ya lo había planteado antes de la adjudicación, ya que ninguno de los dieciocho permisos otorgados incluye un proyecto para construir el barco en la Argentina.

«La industria naval está pasando por un momento de poca actividad. Están las gradas, los empleados, las máquinas, somos competitivos y nos quedamos fuera de una posibilidad de reactivación en el sector», afirmó. Sobre el sistema de puntajes: «A la hora de darle un puntaje a la construcción nacional fue mínimo. Entonces las empresas tampoco van a seleccionar o van a elegir hacer un barco en Argentina».

También cuestionó la velocidad del proceso: «Algunos consejeros hicieron de la documentación con 24 horas antes de la reunión del Consejo Federal Pesquero». Y recordó el antecedente de la renovación de flota de hace unos años: «El beneficio era concreto: vos vas a tener más toneladas en tu permiso y se inició un proceso que hoy está detenido. Se empezaron a renovar barcos, las gradas de los astilleros estaban completas».

«Sabemos cómo incentivar a los armadores en los procesos de pesca, pero evidentemente o estaban mal asesorados o quisieron hacer este proceso rápido y en esa rapidez quedamos afuera», concluyó.

Nueve a uno

Carlos Mezzamico, secretario general del Sindicato Unidos Portuarios Argentinos (SUPA), por su parte, aseguró: «Estamos denunciando dos cosas que son graves: una, la discriminación a Mar del Plata, al puerto de Mar del Plata, para la adjudicación de los permisos de esos poteros; y por otro lado, lo que significa agregarle esfuerzo pesquero al calamar de dieciocho barcos de gran porte, que tienen el doble de capacidad de bodega».

«El calamar es una especie que nace y muere en el término de un año. Casualmente, esta última zafra, que estábamos acostumbrados a que durara tres o cuatro meses, terminó en un mes y medio, porque hay factores que atentan contra eso: la depredación, y sobre las 200 millas, el ataque de las flotas asiáticas», describió. «Son barcos grandes, y aparte con los artes de pesca modernos que tienen, eso perjudicaría mucho: una zafra que dura tres o cuatro meses se reduciría a un mes y medio o dos, y ahí la gente pierde mucho trabajo».

Según relató, el propio funcionario provincial del área se lo resumió así: «Fue una licitación con la cancha inclinada para el sur». Abundó: «Las empresas que iban a descargar en el sur tenían, por ejemplo, veinte puntos, y el que descargaba acá en Mar del Plata tenía cinco. De una manera de explicarlo para que la gente entienda».

El gremio presentó una denuncia por entender que la adjudicación viola puntos de la Ley de Pesca; el Juzgado Federal de Mar del Plata se declaró incompetente y la giró a Buenos Aires. Antes, la representante bonaerense en el Consejo, Carla Seain, había intentado un amparo que tampoco prosperó: «Apuraron los tiempos y la hicieron en tiempo récord», sintetizó.

«Todos los barcos vienen de afuera, ningún barco se hace en Argentina. La adjudicación de Mar del Plata es de uno de esos barcos, pero son barcos que ya vienen hechos, algunos que van a terminar de hacer, pero en astilleros chinos», apuntó. «Yo estoy desde el 76 en el puerto y te puedo asegurar que este es el peor momento que atraviesa el puerto de Mar del Plata por la falta de carga».

Sin embargo, la política local sigue sin reaccionar. «Todo ese tema político, toda esa desidia política, la pagamos los trabajadores y la ciudad», aseguró Mezzamico, «porque sabemos que el puerto es fundamental para Mar del Plata».

Que alguien le avise a Montenegro y compañía que Mar del Plata no es San Isidro y que el puerto es una parte activa y fundamental del funcionamiento económico de esta ciudad.