
La falta de respeto perpetrada por el gobierno provincial a la intendencia de General Pueyrredón, en el marco de la llamada «renovación» de la Jefatura Departamental, es algo nunca visto.
La acción política en cuestión dejó un tendal de observaciones. Por caso, que en la presentación, a la mesa, con un funcionario del ministerio de bajo rango y los policías que se vienen a hacer cargo de esta brasa caliente, haya estado sentado Florencio Aldrey Iglesias.
En Mar del Plata, solía ser tradición, ante la llegada de un nuevo jefe departamental, un ritual que implicaba —obviamente— la presentación ante el intendente, es decir, el jefe político de la ciudad. Luego, según la época y el momento, venía una recorrida que implicaba presentarse también ante el obispo y, luego, la consabida reunión con el dueño director de La Capital. También, por décadas, el nuevo jefe recibía como presente un juego completo de buen vestir de la casa Glenmore, que incluía un sobretodo de pelo de camello. Eran otras épocas.
Quizás se deba a las pocas horas de descanso, o quizás la luz en el lugar donde se tomaron las imágenes no era muy buena, pero el aspecto de estos nuevos jefes en las fotografías difundidas no era el mejor.
La ausencia del intendente sustituto, o del electo de licencia, es un aspecto preocupante. La falta de diálogo entre el municipio y la provincia es absoluta y nada bueno puede salir de esta situación, ya que, como se sabe, es necesario coordinar el funcionamiento del COM con los servicios de calle y tener un contacto fluido con los jefes.
Esta semana, luego de un nuevo hecho de inseguridad de los pocos que surgen a la luz pública, Facundo Arana popularizó un esquema de contacto con los servicios de seguridad llamado «Ojos en Alerta». El impacto que esto generó habla a las claras de una falta de intención de abordar el problema de la inseguridad en serio, ya que ese mismo esquema o sistema ya había sido presentado por Vilma Baragiola hace cinco años.
Fue en 2021, en plena pandemia, y fue inmediatamente enviado al cajón de los recuerdos porque nunca han tenido interés en la ciudad. Florencio Aldrey Iglesias puede jugar a mostrarse en el rol que se muestra no a causa de su propio poder, sino por el vacío dirigencial brutal que campea hoy en la ciudad.
Vale citar que, dos años antes de iniciar su aventura marplatense, el paracaidista Montenegro había hecho campaña en San Isidro, diciendo que ése era su lugar en el mundo. Le duró poco. No mojó el pancito allí y, de inmediato, recordó su adolescencia marplatense. Aunque se ve que las memorias no estaban muy completas y entonces decidió llenar con fábulas algunos huecos, componiendo por caso una épica de haberse enfrentado ene l rugby con Amado Boudou, algo que los contemporáneos señalan que jamás ocurrió.
Difícil que sea un caso de senectud temprana. Es más bien el vicio de imaginar y relatar como cuando, durante su discurso de asunción hace siete años, dijo que su prioridad era terminar con el flagelo de la inseguridad para los marplatenses y batanenses.
