
La crisis en Ceuta era totalmente previsible. Una decisión del Tribunal Supremo de España que obliga a dar asilo a quienes lleguen por vía acuática fue el caldero en el que se forjó la presión social para la invasión de Ceuta, la cual se nutrió también de instigaciones en las redes.
La desidia del gobierno de España, que lanzó un plan de regularización para personas ilegales en el territorio español, ha contribuido a alimentar esta hoguera humana que, cuando menos, ya se cobró 80 vidas. Una población en ascuas, superada en número por los arribados en tromba humana.
Nada de lo que está ocurriendo, tal como ha sido señalado, es casual. El rey Mohamed VI tiene objetivos puntuales sobre el territorio y en mantener su relación de privilegio con la administración socialista, en donde la cuestión energética es central.
Hay una relación estrecha que ha llevado a que se faciliten acciones para la promoción del islam y el idioma árabe. En este escenario, VOX y el Partido Popular se oponen y han logrado en autonomías, como la de Murcia, que estos programas no se lleven adelante.
El escenario es un golpe muy fuerte para el primer ministro Pedro Sánchez Castejón, quien se trasladó a Ceuta por algo así como 100 minutos para dar un mensaje que fue contestado en las calles al grito de “Pedro Sánchez HDP”.
También impactó fuertemente la decisión de la premier Giorgia Meloni de suspender el acuerdo de Shenguen e imponer controles a los provenientes de España, una movida que fue avalada por Suecia y Finlandia.
Nada de esto estaría ocurriendo si el gobierno Marroquí no quisiera que ocurra. Francia, por caso, si bien no reclama por Shenguen, ha reforzado sus controles de frontera y varios países anuncian su intención de recurrir o buscar variaciones en el acuerdo que data de 2022.
A como termine esta terrible situación, en el presente y futuro de Europa, ya nada será igual.