Un debate falaz

edi957
Las palabras de Darío Lopérfido en una charla en Villa Gesell en el sentido de que los desaparecidos en la Argentina no fueron 30.000 sino 8.000, produjeron un debate que empobrece la naturaleza reivindicativa del “Núnca más”, que nuestro país incorporó como un valor supremo luego de la heroica tarea desempeñada por la CONADEP cuando las estructuras represivas aún se hallaban intactas.

La afirmación de Lopérfido condujo a una blitz mediática contra su persona liderada por Editorial Perfil y replicada por distintos medios, lo cual constituye una canallada que sólo puede explicarse en el escenario de hallar grietas en la relación de la sociedad con el actual Gobierno, o en el de cuentas pendientes de Jorge Fontevecchia, dueño de Perfil, con Lopérfido, ex funcionario de alto rango durante la presidencia de Fernando de la Rúa.
La apreciación de Lopérfido, incluso, no es de su autoría, sino que proviene, entre otras fuentes, de la confesión de Luis Labraña, ex miembro de la organización Montoneros. Luis Labraña señalaba, entrevistado en la 99.9 en abril de 2014: Estaba exiliado en Ámsterdam y me dieron la posibilidad de trabajar o estudiar. Elegí estudiar e hice mi carrera universitaria. Cuando llegan las Madres, se financia una organización que se llama Solidaridad con las Madres Argentinas. Cuando se discute eso, se lleva una planilla con la cantidad de personas con nombre y apellido que eran desaparecidos, creo que eran 3.600 o 4.000. Los holandeses dicen que es poco y pensaban que había más muertos”. Llegar a la cifra definitiva tuvo que ver más con una cuestión de marketing internacional. Según contó Labraña, “pensaban que a la sociedad se la conmovía con una cifra mayor y alguien dijo que pusieran algún número más. Empezaron en 15.000, pasaron a 20.000 y yo dije, bueno pongamos 30.000. Quedó esa cifra”.
Así, en primera persona, de la cocina de la ideología directamente a las mesas de las masas, para abonar el ideario colectivo. Créase o no, nadie ha replicado a Labraña desde 2014. Hoy, está reactivación del asunto en boca de Lopérfido, no hace más que recordarnos a todos que las opiniones no son más que pareceres, miradas personalísimas sobre un aspecto, no una verdad establecida, y que sostener el principio rector de la libertad de opinión debe ser un objetivo general, ya que es lo único que verdadera y finalmente nos hará libres y soberanos.