Sol Carrera relató en la 99.9 el calvario que atravesó junto a su madre, Silvia Nancy González, desde un infarto hasta su fallecimiento, y denunció irregularidades, abandono y falta de cobertura por parte de la obra social.

La muerte de Silvia Nancy González, de 56 años, derivó en un fuerte testimonio público de su hija, Sol Carrera, quien en diálogo con la 99.9 describió un recorrido atravesado por demoras, decisiones médicas cuestionables y una presunta desprotección por parte de IOMA. “La verdad que fueron días terribles, no sé de dónde saqué fuerza, porque yo tendría que estar llorando ahora… y estoy con el celular recibiendo mensajes y difundiendo el caso”, expresó.
El episodio comenzó con un infarto. “Todos podemos tener un infarto, pero si es bien tratado no te morís”, afirmó. Inicialmente, su madre fue atendida en el Hospital Interzonal, donde, según relató, recibió una atención adecuada: “La atendieron bien, le pasaron medicación y la cardióloga me dijo que estaba estable”. Sin embargo, el problema surgió cuando se planteó la derivación: “Me dijeron que no se podía quedar, que estaban buscando una cama de IOMA”.
La primera opción fue un traslado a Berisso durante la madrugada, algo que Sol rechazó: “Me pareció una locura trasladarla tan lejos en ese estado”. Al día siguiente, la situación se volvió más confusa: “Me dijeron que si la cama estaba ocupada la subían a unidad coronaria, pero después nos avisaron que tenía que ir al Sanatorio Avenida”. Allí comenzó otro capítulo crítico.
“Eso no es una clínica, es una casa, un hotel en obra, con cables colgando, sin ningún tipo de seguridad”, describió. A pesar de que inicialmente su madre parecía evolucionar bien —“hablaba fluido, no estaba agitada, pensábamos que le iban a dar el alta”— el contexto general era alarmante. “El médico me pareció un payaso, no sabía hablar con la gente. A todos les decía que sus familiares estaban graves, generando desesperación”, denunció.
También cuestionó condiciones básicas de atención: “Me dijeron que tenía que llevarle la comida yo. Me decían ‘traele lo que quieras’, incluso un Gatorade. No había ningún criterio médico claro”. A esto se sumaron problemas con la cobertura: “Me dijeron que IOMA no cubría ni el traslado ni un estudio. Fui a reclamar y me dijeron que el sanatorio ni siquiera había pedido la ambulancia. Hay un curro con los traslados”, aseguró.
La situación se agravó cuando solicitó derivación a un centro de mayor complejidad: “Pedí que la saquen de ahí porque la estaban matando”. Se gestionó un traslado a La Plata, pero fue cancelado: “Primero me dijeron que era riesgoso, después que la clínica había informado mal el estado, que decían que estaba evolucionando bien cuando ya estaba intubada”.
El deterioro de su madre fue rápido. “La noche anterior me dijeron que la iban a intubar ‘para que esté tranquila’. Eso ya me pareció una locura”, sostuvo. En paralelo, Sol también sufrió una crisis de salud: “Tengo epilepsia y me descompuse en IOMA. Me llevaron otra vez al Sanatorio Avenida, donde tuve una convulsión, y después a la Clínica del Niño y la Familia, donde no me atendieron porque no hay convenio”.
El testimonio concluye con uhttps://www.youtube.com/watch?v=UG2aCQIiMTMna mezcla de dolor e indignación: “No es que mi mamá estaba enferma de antes. Tengo todos los estudios, estaba bien. Todo empezó después de esto”. Y remarcó una idea que atraviesa todo su relato: “Estamos todos presos de IOMA. Esto le puede pasar a cualquiera”.
El caso vuelve a poner en discusión el funcionamiento de la obra social bonaerense y las condiciones de atención en situaciones críticas, con denuncias que apuntan a fallas estructurales, falta de coordinación y posibles irregularidades en la derivación y cobertura de pacientes.