El economista analizó el dato de inflación de agosto y cuestionó la manera en que los principales medios presentan la evolución económica. Advirtió sobre la influencia del periodismo en la construcción del clima político y sostuvo que existe “una falsa masividad” de los medios tradicionales. También destacó señales de mejora en la economía y defendió la necesidad de una comunicación capaz de disputar ese relato.

El dato de inflación de agosto, que volvió a ubicarse por debajo del 2%, fue uno de los puntos de partida del análisis del economista Eduardo Jacobs, quien cuestionó la forma en que parte del periodismo abordó el resultado. En particular, puso el foco en aquellos títulos que, antes que destacar la desaceleración, plantean los obstáculos que podrían impedir que el índice continúe por debajo de ese nivel. Para Jacobs, esa manera de presentar la información excede la discusión económica y tiene consecuencias sobre el clima político.
“Qué locura”, planteó al referirse a los enfoques periodísticos sobre el dato de inflación. Y explicó que, aunque los medios tradicionales tienen una penetración cada vez más acotada frente a las nuevas formas de comunicación, mantienen una influencia decisiva sobre la dirigencia política. “Estos medios los lee la política y la política en función de eso decide si el gobierno está débil o está firme”, sostuvo.
En esa línea, Jacobs consideró que el periodismo tiene una incidencia directa en la formación del clima dentro del sistema político. “El clima en el sistema político, esta microesfera del sistema político en todos lados, yo creo que en todas las provincias funciona igual, lo crea el periodismo”, afirmó. Según su mirada, dirigentes, legisladores y quienes integran los espacios políticos siguen cotidianamente lo que publican los medios y toman decisiones en función de ese escenario.
El economista vinculó esa dinámica con episodios recientes de la política argentina y recordó que determinadas construcciones mediáticas terminaron condicionando fuertemente la percepción sobre distintos gobiernos. “La inflación bajó, pero no alcanza, dice Las Naciones, no alcanza a reactivar la economía. El humor general no cambia con esto”, señaló, antes de plantear una pregunta central: “¿Quién define el humor general?”. Para Jacobs, la respuesta está estrechamente ligada a lo que construyen y reproducen los medios.
También cuestionó la manera en que se presentan determinados indicadores económicos y puso como ejemplo la construcción. “Yo lo que comentaba del artículo de Pagni, que era un artículo vergonzoso de la otra semana donde hablaba de derrumbe de sectores, sigue hablando de que se derrumbó la construcción cuando la construcción está luciendo al 1,7 y el porcentaje de informalidad en la construcción es del 80%”, afirmó. Y agregó: “Los que se mide la construcción quién sabe qué, porque es todo negro”.
Para Jacobs, existe además una oportunidad para desarrollar nuevas formas de comunicación que permitan discutir esos enfoques. “Hay que tratar de crear una comunicación nueva, no sé cómo eso sabés vos, pero una comunicación nueva que sea lo suficientemente masiva como para existir”, sostuvo. Según explicó, existe una demanda social por explicaciones alternativas: “A la gente le gusta que le expliques que le están vendiendo pescado podrido”.
En ese punto, el economista coincidió con la idea de que los medios tradicionales pueden estar sobrerrepresentados en relación con su verdadera llegada social. Habló de una “radiolandia” que, sin embargo, conserva capacidad para influir sobre diputados y senadores. “Todos los diputados y senadores cantan al paso de ella”, sostuvo Jacobs, al referirse a la incidencia que determinadas voces periodísticas pueden tener sobre la agenda legislativa y las decisiones políticas.
Más allá de sus cuestionamientos al periodismo, Jacobs afirmó que observa una evolución favorable, aunque gradual, de la situación económica. “Las cosas están mejorando lentamente. Se nota. En muchas cosas se nota y aparecen cosas nuevas”, aseguró. En ese marco, destacó además la capacidad de los argentinos para generar nuevos emprendimientos y actividades. “Es impresionante eso”, señaló, al remarcar la capacidad de creación y transformación que observa en distintos sectores.
El economista también rechazó la idea de que una transformación del modelo productivo deba generar resultados idénticos y simultáneos en todas las actividades. “Cuando cambia el modelo productivo, crece en unos sectores. Nadie dice en la academia, no existe un paper, no existe nada que diga que todos los sectores van iguales”, explicó. Y remarcó que las diferentes actividades pueden crecer a tasas distintas: “Lo que te va a decir es que todos van a crecer, eso tenelo por seguro. A diferentes tasas, obviamente”.
Para Jacobs, pretender que todos los sectores evolucionen de la misma manera constituye una lectura equivocada de cualquier proceso de transformación económica. “No existe ni una teoría, ni una realidad” que sostenga que todos los sectores de una economía deben comportarse de manera idéntica, afirmó.
Sobre el cierre, el economista también llevó su análisis al terreno de la seguridad y cuestionó determinadas discusiones públicas sobre el funcionamiento del sistema penal. Como ejemplo, mencionó el caso de un joven detenido en la Ciudad de Buenos Aires con numerosas entradas previas al sistema policial y judicial. “17 años, tiene 85 entradas. 85 entradas”, enfatizó Jacobs, para cuestionar la eficacia de un sistema que, pese a sus múltiples intervenciones, no habría logrado evitar la reiteración de los delitos.
Para Jacobs, la discusión económica y política argentina no puede reducirse a un único indicador ni a una lectura aislada. La evolución de la inflación, el comportamiento de los distintos sectores productivos, el papel de los medios y la capacidad del sistema político para interpretar esos cambios forman parte de un mismo proceso. En ese escenario, el economista sostiene que el desafío no pasa solamente por que la economía mejore, sino también por disputar la manera en que esa transformación es comunicada y comprendida por la sociedad.