Las universidades, epicentro del nuevo nacionalismo de Hong Kong

Las instituciones lectivas se convierten en el bastión de los opositores ante los señalamientos de Pekín, que exige más “patriotismo” en el temario y les reprocha que promuevan el pensamiento crítico.

La Diosa de la Democracia ha sido siempre una figura que se asocia en Hong Kong a la misma estatua que erigieron los estudiantes de Tiananmen en 1989 cuando peleaban contra el poder absoluto del Partido Comunista Chino (PCCh). Por eso ha presidido las manifestaciones que conmemoran cada año esa fecha y también estuvo presente en la Revolución de los Paraguas de 2014.

La réplica de la CityUniversity de Hong Kong llevaba años instalada a la entrada del recinto, junto a su particular Muro de Lennon. El 23 de julio la estructura de yeso sufrió significativos daños -todavía se aprecian las grietas en brazos y cuello- cuando un estudiante de la China continental la empujó y la tiró al suelo. El asunto derivó en un rifirrafe entre los alumnos locales y el sujeto que fue detenido por la policía.

Los chavales de la CityUniversity la han vuelto a levantar junto a varios carteles que recuerdan lo acaecido. “Un loco de la china continental la atacó”, se lee en uno de los textos. “Si tiras una, levantaremos 10”, le secunda otro. “La estatua resultó dañada, pero el espíritu de la democracia y la libertad no morirá”, asevera un tercero.

Si el incidente creado en torno a la Diosa de la Democracia refleja la profunda división que se ha propiciado entre un amplio sector de jóvenes de Hong Kong y sus homólogos del resto de China, los mensajes que acoge el Muro de Lennon exhiben otra de las características más distintivas de los espacios lectivos locales en estos días.

La panoplia de escritos que insultan o descalifican a Pekín y sus aliados locales son incontables. “Malditos comunistas, iros al infierno”, se observa en un rótulo donde han dibujado un rayo que destruye el retrato de Mao Zedong y la Ciudad Prohibida de la capital china. “Este es el enemigo, ChinaNazi”, asegura un segundo. El más explícito reza: “Morir por la independencia de Hong Kong”.

REFUERZO DE LA IDENTIDAD NACIONAL

La iconografía dominante en la CityUniversity no es un caso aislado. Un amplio número de universidades y escuelas de la ex colonia británica actúan cada día más como elemento central de la revuelta que sacude a Hong Kong desde junio y también como caldo de cultivo para el incipiente nacionalismo que comienza a expandirse entre los manifestantes.

Según una encuesta de la Universidad de Hong Kong realizada el pasado mes de junio, un 90% de los jóvenes entre 18 y 29 años dijeron “no” sentirse “orgullosos de ser chinos”, unos guarismos más acusados en este segmento de edad pero que concuerdan con el aumento general de aquellos que se declaran “hongkoneses” a secas y no chinos, una cifra que alcanzó el 53% en la misma consulta.

Como parte de esta dinámica, los estudiantes han pasado a ser un elemento clave en las movilizaciones, algo que ha multiplicado las detenciones de estos jóvenes, como alertó la policía esta última semana. De las casi 1.600 personas arrestadas hasta el momento en relación con la presente algarada, al menos 464 eran estudiantes (un 29%), y de ellos 207 lo fueron en septiembre.

“Es una tendencia alarmante. Es preocupante ver a estos jóvenes violar la ley y posiblemente tener antecedentes penales a una edad tan temprana. Hacemos un llamamiento a todos los jóvenes para que reconsideren sus acciones y esperamos que el sector educativo y sus padres les ayuden a buscar el camino correcto”, afirmó Tse Chun-chung, portavoz de la policía, el pasado viernes.

Sentados en el centro de medios de comunicación de CityUniversity, media docena de alumnos coinciden en que la sucesión de altercados y la actuación de la policía que ya identifican con una fuerza “colonialista” -en palabras de uno de los jóvenes- ha reforzado su identidad “nacional”.

“Hemos visto cómo la policía trata a la gente y eso nos ha confirmado que tenemos valores y una agenda muy diferente de la de China. En 2014 luchábamos por tener más democracia, pero nos la negaron. Ahora queremos la independencia”, afirma Oscar Chan, de 23 años.

Sólo uno de los presentes se declara chino y no hongkonés, y lo hace en términos nada conciliatorios con el régimen de Pekín. “Amo China, pero desprecio a este ‘puto’ (sic) Gobierno. Ellos son los que han destruido el legado chino”, declara Angus Wong, también de 23 años.

Pekín y sus aliados locales ya han encontrado un alegato para explicar esta extendida posición que se advierte entre los hongkoneses más jóvenes: “un sistema educativo fallido” -expresión del diario oficial chino ‘Global Times’- que acoge una asignatura como la de “estudios liberales” que promueve el libre pensamiento y el análisis crítico de los alumnos y no el currículum nacional chino, cuya posible introducción fue rechazada por masivas movilizaciones en 2003.

“Algunos culpan a los estudios liberales obligatorios y los libros de texto de engañar a los jóvenes”, titulaba a principios de septiembre el ‘China Daily’, otro órgano de la propaganda de Pekín.

Esta hipótesis consiguió en julio el refrendo del mismo personaje que introdujo esta asignatura en Hong Kong, el ex jefe del gobierno local Tung Chee-Hwa. “Los estudios liberales son un fracaso. Es una de las razones detrás de los problemas de la juventud hoy en día”, proclamó. Pekín defiende una educación que llama “patriótica” destinada a asegurar la fidelidad de los alumnos al PCCh y que considera que la democracia es un sistema en declive ya que promueve la disensión popular.

“Por supuesto que hay un problema con la educación nacional de los jóvenes en Hong Kong. Amar de forma apasionada a la madre patria debería enseñarse desde la primera clase del colegio”, apuntó en agosto Xu Luying, portavoz de la Oficina de Asuntos de Hong Kong y Macao del Gobierno chino.

Colin Lai es profesor de “estudios liberales” desde que esta materia se se convirtió en una de las asignaturas básicas del temario universitario en 2009. “Tenemos libros de texto pero sólo como referencia. Los profesores diseñamos el contenido a partir de clips de prensa o de diferente fuente de información. Hablamos de la historia moderna de Hong Kong, de la de China, de salud pública, de globalización o de medio ambiente. Hay muchas discusiones y análisis en grupo”, asevera el maestro.

El educador aclara que se discuten asuntos como la masacre de Tiananmen o la situación del Tíbet, temas que no existen para los alumnos del territorio continental chino. “Dicen que los estudios liberales hacen que los alumnos sean más radicales, pero los análisis prueban lo contrario”, añade.

Lai se refiere a una investigación apadrinada por el experto Stephen Chiu, de la Universidad de Educación, que indicaba que precisamente por el espíritu crítico de esta asignatura “cualquier intento por parte de los docentes de participar en la manipulación política del aula probablemente estaría limitado por el enfoque del currículum que obliga a los estudiantes a evitar un análisis unilateral de los asuntos actuales”.

Estos datos no han impedido que los medios afines a Pekín y sus aliados políticos de Hong Kong hayan arremetido desde 2014 -durante la Revolución de los Paraguas- contra algunos enseñantes como Lai y que la polémica sobre los estudios liberales sean un asunto recurrente en los últimos años.

POLARIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN

Lai se ha visto envuelto en una nueva y reciente controversia, después de que otorgara argumentos a los críticos de la enseñanza libre pensante al difundir un comentario insultante contra la policía en Facebook. “Policías corruptos, espero que toda vuestra familia muera”, se leía en el escrito, que después fue borrado.

El profesor recibió una misiva de advertencia por parte del Departamento de Educación de Hong Kong, que le avisó de que si repetía esa actitud perdería su licencia para enseñar.

Sin embargo, algunas figuras afines a Pekín como otro ex jefe del ejecutivo, Leung Chun-ying, han exigido que se le prohíba enseñar “para distanciar a los estudiantes de este tipo de gente”, según escribió en su propio muro de Facebook. Tras lo ocurrido, Lai ha pedido perdón y reconoce que “no se siente orgulloso de lo que escribió”. “Un profesor no puede usar insultos”, aduce.

La emotiva respuesta de Lai a los enfrentamientos de otra particular y violenta jornada de la crisis de Hong Kong -la del pasado 12 de junio- son una prueba de cómo esta interminable revuelta está polarizando a las propias instituciones lectivas, a sus alumnos y al mismo profesorado.

Como ocurrió en CityUniversity, las posturas cada vez más antagónicas han multiplicado las riñas y percances en el interior de los complejos universitarios. La turbación se ha contagiado a muchos estudiantes de la china continental, capaces de enfrascarse en disputas y defender la posición del Partido Comunista Chino sobre los acontecimientos de Hong Kong, no sólo en la propia urbe sino en Taiwan, Australia, Canadá o Estados Unidos.

En las últimas jornadas, los medios de comunicación de Taiwan han informado de al menos cuatro agarradas del mismo corte en otras tantas universidades del norte y sur del territorio isleño cuando alumnos llegados del otro lado del estrecho asaltaron varios Muros de Lennon que mostraban mensaje a favor de la revuelta de Hong Kong.

Esta sucesión de desavenencias provocó la intervención pública de la presidenta isleña, Tsei Ing-wen. “Taiwán es un país democrático, no la base de un poder totalitario. Nunca permitiremos ni toleraremos tales acciones, independientemente de si la violencia tiene lugar dentro o fuera del campus, e independientemente de quiénes son estas personas”, afirmó la dirigente local en Facebook.

Para los estudiantes de CityUniversity, las disquisiciones sobre los posibles efectos de los estudios liberales en la juventud de Hong Kong parten de una posición equivocada. “China dice que los estudios liberales son el problema y que eso nos ha radicalizado. Yo digo que son ellos los que han ayudado a crear esta conciencia nacional”, sentencia Jack Lam, otro estudiante de la CityUniversity. “Quizás tengamos que agradecer a Xi Jinping que ahora nos sintamos tan hongkoneses”, le secundan sus compañeros entre sonrisas.