


Varios frentes abiertos
La mejor manera de impulsar el crecimiento de la producción nacional, en condiciones de eficiencia y calidad internacional, es desarrollando el mercado de capitales, alentando el ahorro interno en un marco de estabilidad macroeconómica de precios, e incentivando la conquista amplia de mercados externos y no cerrándose.
Antes que sea tarde
Argentina se ubica décima en el ranking de países con el índice de inflación más alto del globo, con un 11,13% anual, superando en varios puntos a varios estados de América latina, Europa, Asia, y lejos de las potencias económicas. Eso, claro, si usted le cree al INDEC. Porque si vamos a los números reales, estamos peor que el Congo en guerra.
El modelo de un caudillo
Todo pasa
Cuando en 2008 Islandia declaró el default de su sistema bancario, el mundo pareció asomarse a un nuevo abismo. La voluntad de los islandeses de no aceptar pagar con su sacrificio personal y patrimonial la deuda contraída por su Gobierno y por los bancos, llevó a miríadas de páginas de papel y digitales a anunciar catástrofes decimonónicas y un largo periodo “fuera del mundo” para este país ubicado en el extremo norte del planeta.
¿Por qué no te callas?
Los últimos días han sido movilizadores en el mundo occidental y cristiano. Hacía más de cinco siglos que un Papa no renunciaba a su trono. La corrupción ha llegado no sólo a las finanzas del Vaticano sino también a miembros intocables de una corona obsoleta e innecesaria. Y como si esto fuera poco, Chávez sucumbió ante su enfermedad.
Modelo que hace agua
El sistema está colapsado. Ya no hay manera de disimularlo como crisis coyunturales y geográficamente identificadas. Ya no hay más efectos Tequila, Arroz, Vodka, Tango y tantos otros que fueron “vendidos” como consecuencia de errores puntuales de mexicanos, tailandeses, rusos o argentinos. Hoy explota en el corazón mismo, en la cuna del modelo.
No por mucho tiempo
«¿Qué le sucedió al desarrollo?», se preguntaron una vez los intelectuales en un simposio reunido en la UNESCO, para permitir que millones de hombres, mujeres y niños de los países pobres del Sur continúen muriendo ante las cámaras de televisión, sin que se despierten valores esenciales. Sin embargo, es así. Y las reacciones, con frecuencia, son tardías y caprichosas.

