¿Dónde están los mil millones?

El concejal Diego García —el más enjundioso a la hora de enfocarse en los hechos, sin sesgos ideológicos y enfocándose solo en lo que ocurre— ha dado a conocer que hay nada menos que mil millones de pesos que fueron enviados por la provincia para comprar patrulleros y nadie sabe en dónde están.

Sin datos —pero también sin dudas— podemos aventurar que, seguramente, hayan ido a parar al mismo lugar de siempre: a tapar el agujero de las cuentas municipales en este contexto patético donde celebran como un éxito de gestión el ser capaces de pagar los salarios el décimo día hábil de cada mes.

Hace unos días, cuando estaba saliendo del evento en el que se presentó el libro compilado por Maximiliano Abad realizado en Espacio Chauvin a sala llena, uno de los concurrentes comentó: «se lo vengo diciendo al gordo: volvé, o serás recordado como quien le entregó la ciudad al peronismo». ¿Será ese el objetivo?

Ya a esta altura se puede pensar lo que se quiera de este dúo de atrevidos que, con nada, se quedaron con la ciudad, pero que tontos no son. Ni Alejandro Rabinovich —hoy, diputado por la segunda sección electoral que le da y le da a la tecla, a ver si acierta alguna opereta— ni Guillermo Montenegro — el «Guille» de Fantino— pueden ignorar que este bodoque que armaron conduce directamente a una catástrofe electoral de proporciones en la ciudad de cara al 2027.

Y, si fuera Abad el candidato, alguien sensato podría pensar que éste no se va a exponer a pagar en la urna este desquicio en el que está todo mal, quizás como nunca, incluso peor de cómo estaba cuando Gustavo Arnaldo Pulti destrozó la hacienda pública marplatense. Hablando de Cospelito, su deterioro ya es tal, que abona causas cuyo origen no es otro que su propio accionar como intendente: impulsa pedidos de explicaciones por obras al sur del partido —cargadas sobre el bolsillo de inversiones particulares— que son necesarias, justamente, por sus erradas políticas urbanas, que fueron determinadas, en su momento, por sus acuerdos políticos. Sin embargo, por difícil que sea ganarle en ineficiencia al líder del kicillofismo local —derrotado en la última contienda por el control del desvencijado PJ vernáculo—, esta gestión parece decidida a lograrlo.

Nunca desde 1983 la ciudadanía estuvo en un escenario como este: Si la ciudad marcha, es por la inversión privada. Lo público está a su suerte, mal. Son tan poco creíbles, que el ex concejal Beneito —hoy numero dos del EMSUR— está caído como pájaro que se estrelló contra el cristal por el dolor de ciático que le provoco jugar al recolector VIP con el servicial numero uno del Ente. Nadie le avisó al pobre de Cristian que las ordenanzas estipulan que el peso máximo de la bolsa de residuos es de 10 kilos.

Beneito está como el resto de los involucrados en la intendencia: caído en acción. Adviértase que no señalo ni «gestión», ni «administración». Es claro que esta caterva de inútiles ni gestionan ni administran.