
En su discurso al asumir la intendencia en 2019, Montenegro puso especial énfasis en la seguridad, a pesar de que la ciudad, administrada por Carlos Fernando Arroyo, estaba en su nivel histórico más bajo en cuanto al índice de criminalidad.
Así es: durante el gobierno de Carlos Fernando Arroyo se dio el período de menor impacto de la delincuencia sobre la población del partido de General Pueyrredon. Hoy, en cambio, los números ya están en el mismo nivel que durante la intendencia de Gustavo Arnaldo Pulti, años tan feroces como los que atravesamos hoy.
En su discurso de asunción, Montenegro afirmó: «La seguridad va a ocupar un lugar central en mi gestión. Y sé de lo que estoy hablando. Desde mi experiencia como fiscal, luego como juez y después como Ministro de Justicia y Seguridad, voy a aplicar lo que aprendí para volcarlo a favor de la convivencia en nuestro distrito». Nada de eso ocurrió.
Sostenía el hombre que solo dos años antes afirmaba que su lugar en el mundo era San Isidro: «Entre los vecinos y los delincuentes, yo siempre elijo pararme al lado de los vecinos».
Continuó: «Voy a destinar más recursos al área y trabajaré con todas las fuerzas de seguridad en un plan estratégico antidelito. Además, vamos a incorporar tecnología de última generación para prevenir y cuidar a los ciudadanos. Vamos a aumentar los controles y a perseguir al crimen organizado como la trata, los robos y el narcotráfico». Obvio es que nada de eso fue aplicado en la práctica: no hay prevención, nadie cuida a los ciudadanos, y los controles brillan por su ausencia.
Pero eso no fue todo. El orate, agrandado por sus pergaminos tan citados, fue más lejos aún. Tan lejos de la realidad de hoy, abundaba: «Como sostuve en campaña, voy a convertir el Centro de Operaciones y Monitoreo en mi despacho para tener un control personal de todo lo que ocurra en Mar del Plata, y así trabajar juntos para que nuestra ciudad sea más segura. Vamos a colaborar con el Poder Judicial para poder agilizar la justicia. Necesitamos que ante una denuncia se actúe de forma rápida y eficaz». Duro poco, bastaron dos manifestaciones de vecinos frente al COM en pandemia y de ahí partió para no volver.
En su asunción, también afirmó: «Desde el municipio vamos a trabajar transversalmente para contener y brindarles apoyo a las mujeres que sean víctimas de la violencia de género. Vamos a mejorar las plazas y demás espacios públicos con nuevas luminarias para que los marplatenses disfruten de cada barrio y, a la vez, vivan más seguros». Nada se ha cumplido de todo lo prometido. El central de esta edición pone el acento en estos hechos y la falta de compromiso político.
En medio del caos de inseguridad que domina cada calle de Mar del Plata, no hay una sola expresión por parte de Montenegro o de su sustituto sobre las responsabilidades no asumidas por la provincia. Jamás una palabra sobre Sergio Berni o su cartabón, el cientista social Javier Alonso.
Un silencio que hace presumir intereses compartidos lejos de la mirada del ciudadano de a pie.
