La falta de respeto perpetrada por el gobierno provincial a la intendencia de General Pueyrredón, en el marco de la llamada «renovación» de la Jefatura Departamental, es algo nunca visto.
Inaugurado el 29 de noviembre de 1980, en la localidad de Batán —considerada, en aquellos años, «extramuros» de Mar del Plata—, fue vendido en su momento, por la propaganda oficial, como una «cárcel modelo». Hoy, el penal de Batán se ha convertido en la madre de todos los males.
Cuando iniciaba la primera intendencia de Guillermo Montenegro, su alter ego Alejandro RAbinovich repetía una y otra vez: «se lo discuto a cualquiera: lo que importa, es la política, no la gestión». Siete años después, queda a la vista que, si no hay gestión, esto se lleva puesto a la política.
Harto de estar harto, un vecino del común, Iván del Palacio, comenzó a circular por redes toda imagen disponible de episodios de inseguridad en la ciudad. Desde el abandono, el dolor, y la ausencia de respuestas, otras voluntades se le sumaron.
En su discurso al asumir la intendencia en 2019, Montenegro puso especial énfasis en la seguridad, a pesar de que la ciudad, administrada por Carlos Fernando Arroyo, estaba en su nivel histórico más bajo en cuanto al índice de criminalidad.